Do not underestimate the power of this technology. These will soon be superhuman systems that can hack anything, revolutionize any field overnight, and acquire real power and resources. We have all witnessed the progress in each of these domains, and progress is not slowing.
This is absolutely terrifying. Jacob Coxon and Evan Hubinger, top researchers at Anthropic and formerly OpenAI, said these companies are creating technology that could "kill us all by the end of the decade." These revelations prove multi-billion dollar corporations are putting massive profits ahead of the interests of humanity.
The federal government needs to take action NOW to limit tech that is spiraling out of control and we must pass @RepCasar's legislation to halt new advanced AI development before it’s too late.
The people building AI earnestly believe that it could kill us all by the end of the decade. This is not a marketing stunt. If anything, many executives and senior researchers will couch their phrasing in the press to sound sensible - but I hear the same people express fear privately. No other human activity poses this level of danger.
Anthropic's alignment lead says there’s a 10% chance of AI causing human extinction. The problem is not just misuse, but lack of control. Bluntly, our government has been asleep and is out of touch. Here are 5 things we must do:
✅ Establish a federal agency like we have for nuclear power and airplanes
✅ Require pre-certification for containment, including kill switches and human permission for rewriting
✅ Liability for agentic AI on the open network & mandatory insurance
✅ Criminal penalties for the release of models without certification
✅ Oversight hearings with researchers like Jacob to understand dangers, and whistleblower protections for all AI engineers/researchers
We also urgently need to reach an agreement with China on standards for safety, containment, and liability so we do not have a race that is devastating for humanity.
It is time now to put humanity's safety before the profits of tech lords.
🚨 BREAKING: An AI researcher who worked at Anthropic — and previously OpenAI — has resigned, saying both tech giants are "gambling with our lives."
Full story: https://t.co/iKtfc3egZn
I resigned from Anthropic today. I spent the last three years doing pretraining research at both OpenAI and Anthropic. Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives. More thoughts below.
Outside the White House today, a growing crowd of pro Trump demonstrators waved both American and Iranian flags in a powerful display of unity.
It’s a rare and inspiring sight: freedom loving Iranians and American patriots marching together for a better future.
Excelente reunión con el Secretario de Estado, Marco Rubio (@SecRubio).
Gracias por su compromiso con la democracia, la Libertad y el bienestar de los venezolanos.
Se acerca el día en que reuniremos a nuestras familias en Venezuela!
Avanzamos!
¿Entienden ahora por qué el régimen le tiene miedo a @JuanPGuanipa ?
Ayer lo liberan. Sale, habla con serenidad, reconoce que tiene que ponerse al día, menciona lo dicho por Jorge Rodríguez sobre supuestas liberaciones y deja algo muy claro:
la “reconciliación” pero con la verdad por delante, donde el régimen es LA MINORIA!!
Horas después, se lo vuelven a llevar.
Secuestrado otra vez.
Sin explicación.
Sin información.
Su boleta de excarcelación era clara: presentación cada 30 días y prohibición de salida del país. Nada más.
¿Entonces qué pasó?
Pasó que salió a la calle.
Pasó que la gente reaccionó.
Pasó que el país se movió.
Pasó que recordaron algo que nunca olvidan:
Juan Pablo Guanipa no se calla.
Y el régimen lo sabe.
Sabe que después de @MariaCorinaYA , es uno de los liderazgos que conecta, convoca y moviliza.
Sabe que su voz incomoda porque no negocia la verdad.
Sabe que no es un hombre domesticable.
Por eso lo persiguen.
Por eso lo silencian.
Por eso lo desaparecen cuando habla.
No es reconciliación lo que temen.
Es la memoria.
Es la dignidad.
Es el liderazgo que no se arrodilla.
Antonio Gramsci, el ingeniero cultural que enseñó a la izquierda a conquistar sin disparar
Antonio Gramsci no fue un pensador marginal ni un marxista de sobremesa. Fue el cerebro estratégico que le dio a la izquierda moderna el manual que Marx nunca escribió, cómo tomar el poder sin ganar elecciones, sin fábricas tomadas y sin revolución armada, colonizando antes la cultura, el lenguaje, la educación y la moral pública. Nacido el 22 de enero de 1891 en Ales, Cerdeña, y muerto el 27 de abril de 1937 en Roma, Gramsci sigue gobernando desde la tumba cada vez que la izquierda habla de hegemonía, consenso y guerra cultural.
Gramsci fue miembro fundador del Partido Comunista Italiano en 1921, en Livorno, cuando el fracaso de la revolución proletaria en Occidente ya era evidente. Mientras el marxismo clásico se estrellaba contra una clase obrera que prefería salario y estabilidad antes que soviets, Gramsci entendió el problema y lo formuló sin rodeos: en Occidente el poder no se sostiene solo por la economía, sino por la cultura. Iglesias, escuelas, prensa, universidades, sindicatos, arte y lenguaje forman una red que fabrica consentimiento, y quien controle eso, gobierna incluso perdiendo.
Ese es el núcleo duro de su concepto de hegemonía cultural, desarrollado entre 1926 y 1937 durante su encarcelamiento por el régimen fascista de Mussolini. La frase atribuida al fiscal fascista durante su juicio el 4 de junio de 1928 lo resume todo, «hay que impedir que este cerebro funcione durante veinte años». No lo ejecutaron, lo encerraron, y desde la cárcel Gramsci produjo su obra más influyente, los Cuadernos de la cárcel, escritos entre 1929 y 1935, publicados póstumamente y convertidos en biblia de la izquierda académica del siglo XX.
En esos cuadernos, Gramsci reformula el marxismo para hacerlo viable en sociedades democráticas, proponiendo la guerra de posiciones en lugar de la guerra frontal. Ya no se trata de tomar el Palacio de Invierno, sino de ocupar lentamente cátedras, redacciones, sindicatos, editoriales, asociaciones civiles y aparatos culturales, hasta que el sentido común mismo sea socialista sin que la gente sepa cuándo firmó el contrato. Es una estrategia paciente, infiltrativa y profundamente cínica, diseñada para convivir con la democracia mientras la vacía desde dentro.
Gramsci también introduce la figura del intelectual orgánico, no el pensador libre, sino el cuadro ideológico al servicio de la causa, el profesor, periodista o artista que parece independiente pero trabaja para naturalizar el discurso de la izquierda en la vida cotidiana. Aquí nace la legitimación teórica del activismo académico contemporáneo, de la universidad militante y del profesor que adoctrina mientras dice enseñar pensamiento crítico.
Su influencia no es abstracta ni exagerada. Desde los años 60 y 70, Gramsci se convierte en referencia central de la nueva izquierda europea, del eurocomunismo, de los estudios culturales británicos, del posmarxismo latinoamericano y de toda la izquierda que entendió que el poder real no estaba solo en el Estado, sino en la cabeza de la gente. De ahí beben partidos, ONG, movimientos identitarios y aparatos culturales que hoy hablan de narrativa, discurso, marcos simbólicos y resignificación, palabras modernas para una idea vieja: dominar el relato para dominar la realidad.
En América Latina, su pensamiento fue importado y adaptado desde los años 70, influyendo en universidades, teologías políticas, pedagogías militantes y proyectos revolucionarios que fracasaron económicamente pero triunfaron culturalmente. Cuba, aunque nunca lo citó demasiado en voz alta, aplicó de facto la hegemonía cultural, el control total de la educación, los medios y el arte para fabricar consenso; exactamente la lógica gramsciana, aunque ejecutada de forma burda y policial.
Si Antonio Gramsci tuviera que vivir hoy no como teórico venerado sino como un profesor universitario en un país socialista real, su teoría encontraría su límite inmediato. La «hegemonía cultural» ya no sería concepto elegante, sino vigilancia, censura y miedo. El «consenso» no sería construido, sería impuesto, y el «intelectual orgánico» no sería figura respetada, sino funcionario obediente. Allí, donde el Estado no necesita convencer porque puede castigar, Gramsci comprobaría que su modelo solo funciona bien cuando parasita sociedades libres, nunca cuando se aplica sin maquillaje.
Gramsci no enseñó a liberar pueblos, enseñó a conquistarlos despacio, y por eso sigue siendo imprescindible para una izquierda que perdió la revolución, pero ganó la cultura.
Recordar es vivir y es no olvidar. Hace más de diez años estuvimos en el Parlamento de Canadá alertando al mundo sobre la grave situación de violación de DDHH, asesinatos y crímenes contra la humanidad cometidos en Venezuela. Después cumplimos como Jefes de la Misión Diplomática en Canadá.
Hace diez años despidieron más de 65.000 policías Municipales y Estatales por estar en manos de Alcaldes y Gobernadores contra el gobierno. Nadie podía seguir a salvo en Venezuela.
Hace más de diez años acompañamos a @MariaCorinaYA al Parlamento De Canadá donde denunció como fue inconstitucionalmente despojada de su curul y como se criminalizaba la disidencia en Venezuela.
Hace más de diez años Canadá dijo presente y desde su Parlamento de Canadá, de la mano del Abogado y Parmentario @IrwinCotler ex Munistro de Justicia de Canadá, último abogado aún con vida de Mandela, surge la denuncia contra Nicolás Maduro y su cadena de mando ante @IntlCrimCourt. Fue el primer país en radicar una remisión contra el régimen de Caracas.
La lucha valió la pena, la justicia tarda pero llega y hoy los criminales del régimen comienzan a pagar con cárcel, siendo que una luz encendida de libertad alumbra todo el país y la esperanza de un pueblo agredido. Gracias Canadá! 🇨🇦 @Canada