El rodaje de La matanza de Texas (1974) fue INFERNAL.
Está considerado uno de los más extremos. Con un presupuesto bajísimo (inicialmente de unos 60.000 dólares) y actores no profesionales, la filmación se convirtió en un auténtico calvario físico y psicológico, que impregnó la propia película.
Las temperaturas rondaban los 40 grados. Dentro de la casa, todavía era peor, llegando a los 50 y sin ventilación.
Gunnar Hansen, que interpretó a Leatherface, manejaba una motosierra real. La máscara apenas le dejaba ver, lo que provocó que, durante una persecución, tropezara y la motosierra saliera volando, quedando a centímetros de mutilarlo.
Marilyn Burns estuvo atada horas a la silla recibiendo gritos, para rodar la escena de la cena. Se rodó en una sola jornada de más de 25 horas seguidas debido a que se terminaba el alquiler de los equipos. Los actores sufrieron colapsos.
Sin duda, uno de esos casos en los que el sufrimiento traspasa la pantalla.