Tigres es el único club mexicano 🇲🇽
que ha llegado a la final
en todas las competencias en las que ha participado ✍️
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Me da gusto que se haya ido #GuidoPizarro
Sí, me da gusto porque es mucho DT para el equipo que le armaron.
La gente de la tribuna malagradecida lo orilló a irse. Miren que abuchearlo con lo que significa Pizarro.
Te irá mejor así, Guido.
¡Qué te vaya bonito!
Desde 1982, primer Mundial con 24 selecciones, es más que evidente que México es la tercera mejor selección de América, muy por encima de cualquier otro equipo de CONMEBOL. Y no es solo por haber jugado más, es que su porcentaje de victorias es muy superior. Dato mata relato
Cada vez que un argentino dice que les tenemos envidia, imagino a alguien de cualquier otro país diciendo:
"Uf, esa moneda devaluada, ese ayuno intermitente obligatorio, ese ego inflado injustificadamente, esas copas obtenidas dudosamente, ese presidente desiquilibrado, esa incapacidad para pagar los gastos, esa nación en venta al mejor postor, esa necesidad de hacerse daño para salir de ese infierno... ¡Cómo quisiera ser uno de ellos! ¡Viva la libertad, carajo!"
Messi still has 0 goals against Brazil, Spain, Italy, Germany, England, and Portugal in competitive games
How can you call this dude a goat? He is a fraud
A los argentinos cuando Maradona metió un gol con la mano no les pareció sospechoso. Cuando los argentinos le dieron agua con somníferos a Brasil no les pareció raro. Cuando su dictadura robó el mundial de 1978 todo estaba bien. Los 5 penaltis en 7 partidos de Qatar tampoco les pareció sospechoso. No les pareció sospechoso robarle a Egipto o a Suiza. Pero perder una final en la que tiraron 0 veces en 120 minutos les esta pareciendo un robo y todo muy conspiranoico. Te tienes que reír 😆
Hay numerosos argentinos que han encontrado consuelo a su derrota en la final del Mundial en la apreciación de que la selección española (y los españoles, en general) han sido muy comedidos a la hora de celebrar su victoria. Si ese sentimiento es generalizado en Argentina (que no lo sé), esto nos ofrecería una pista clara sobre las razones por las que el país del Río de la Plata ha estado en la ruina y, sobre todo, de las consecuencias de haber sufrido dicha ruina durante tanto tiempo.
En las sociedades modernas, el deporte de competición es la vía de escape habitual a los pesares del día a día. Más en concreto, el fútbol ofrece a muchísimas personas una existencia en miniatura en la que poder experimentar, sin la amenaza del abismo, los límites emocionales de una vida que de por sí, tal vez, nunca dé para tanto. El entusiasmo, ese sentimiento que los griegos definieron con la impresión de "llevar un dios dentro", habitualmente requiere una plenitud trabajada, una sensibilidad construida con esfuerzo y alejada de las inercias de lo inmediato. El fútbol proporciona un atajo, quizá no a ese entusiasmo puro, pero sí a un sucedáneo en el que la felicidad no depende del bienestar familiar, del éxito laboral o de las mieles del amor logrado, sino de que unos señores sean capaces o no de meter una pelota dentro de una portería.
La historia de Argentina ha dado muchos motivos para este acto de escapismo, para esta enajenación. Décadas de inflación, crisis recurrentes, devaluaciones, corrupción y frustración política han convertido las grandes victorias deportivas en uno de los pocos territorios donde la nación podía reconocerse en el espejo de su elevada autopercepción. Los españoles, en cambio, transitamos en un contexto distinto y, en cierta manera, antagónico: la excepcionalidad española rara vez la sentimos para bien y la autocrítica es parte de nuestra idiosincrasia nacional. Los éxitos deportivos, más que demostrarnos lo buenos que realmente somos, se nos aparecen como refugios en los que experimentar que tan malos no seremos.
Después de una generación de éxitos extraordinarios (en fútbol, baloncesto, tenis, bádminton o motociclismo), las victorias españolas parece que han perdido parte de su carácter milagroso y las derrotas, aunque duelan, ya no anuncian una nueva decadencia nacional. El deporte ha recuperado, en cierta medida, su condición de juego.
Quizá esa sea la diferencia más importante entre una sociedad próspera y otra acostumbrada a vivir en la incertidumbre. La primera puede permitirse celebrar sin humillar porque sabe que su bienestar no depende del marcador. La segunda deposita sobre noventa minutos una carga emocional insostenible y tóxica. Cuando el balón carga con el peso de la economía, de la política y de la autoestima nacional, se puede decir que adquiere la condición de opio del pueblo.
🇦🇷👉🏻Para quienes aseguran que existió una campaña “algorítmica” contra Argentina, aquí va una explicación.
A esto se le conoce como efecto bola de nieve.
Es un fenómeno que comienza con un hecho relativamente pequeño (los penales de Qatar 2022) y va creciendo conforme cada nuevo acontecimiento alimenta la misma percepción. En este caso, la idea de que Argentina y Messi han sido beneficiados por el sistema.
Como ya lo he dicho antes, esa conversación originalmente se limitaba al ámbito futbolístico. Pero este fue el Mundial más visto de la historia, atrayendo a millones de personas que normalmente no siguen el fútbol. Al mismo tiempo, cientos de creadores de contenido recopilaron y difundieron episodios históricos relacionados con Argentina y Messi: la mano de Maradona, los casos de dopaje, los Balones de Oro más cuestionados, el caso Negreira, el conflicto de interés Barça-UNICEF-UEFA y muchos otros antecedentes. Todo ello reforzó esa percepción entre un público cada vez más amplio.
Y ojo: esto no fue una campaña de desinformación. Todos esos temas existen, están documentados y llevan años siendo objeto de debate.
Sin embargo, la gota que derramó el vaso fue otra. Fueron los comentarios ofensivos de periodistas argentinos hacia los mexicanos, el constante menosprecio hacia otros países de Latinoamérica, las burlas de muchos aficionados a las selecciones rivales, el juego sucio de varios futbolistas argentinos y las reiteradas faltas de respeto hacia sus adversarios. Lo peor fue que, en lugar de reconocer esos excesos, muchos los presumían con orgullo.
Para ese momento, la bola de nieve ya era imposible de detener.
Hoy, hablando exclusivamente de fútbol, Argentina enfrenta un rechazo que hace unos años era impensable. Y sinceramente lamento que esa percepción haya terminado trasladándose al plano social, porque también existen muchísimos argentinos respetuosos y coherentes que no comparten las actitudes del hincha violento ni del futbolista “canchero”.
Lo ocurrido con Argentina y Messi es un caso de estudio sobre tres conceptos: psicología de masas, daño de imagen pública y efecto bola de nieve.
En este Mundial perdieron algo más importante que una copa: el respeto que, en términos generales, buena parte del mundo todavía les tenía. Porque sí, quizá nunca fueron una selección querida por todos, pero sí eran una selección respetada. Hoy esa percepción cambió.