Los ciudadanos de Nueva York votaron un alcalde socialista comunista musulmán radical de África que obtuvo la ciudadanía hace solo 7 años.
Ahora se quejan de que Nueva York se convirtió en un infierno islámico.
En el mundo existen tres graves amenazas para la vida de la gente:
-Los islamistas radicales y los yihadistas.
-Los dictadores comunistas y sus ejércitos.
-Los narcotraficantes y sus mafias.
Trump se está cargando a los tres. Por eso aquí solo se puede estar con él.
Muchos posteos sobre este video donde aparece Elon Musk @elonmusk hablan de lo “triste” que está por andar solo.
Parece que no saben que el tipo está disfrutando del gran privilegio de no tener a nadie molestándolo alrededor mientras se concentra en algo.
A veces la soledad no es un castigo, es un premio.
El socialismo es una enfermedad recurrente en sociedades que han alcanzado un cierto nivel de prosperidad material e institucional. Nunca surge de la escasez extrema, sino precisamente de la abundancia general. Cuando una comunidad logra alcanzar ciertos nivel de riqueza y estabilidad, aparece la tentación de redistribuir esos logros en beneficio del Estado y, sobre todo, de quienes pretenden forrarse gestionándolos.
El socialismo opera de forma similar a una enfermedad autoinmune: el propio cuerpo social ataca a los individuos y sectores que sostienen su funcionamiento. El trabajo, el mérito y la responsabilidad individual aparecen como elementos sospechosos, mientras que la dependencia y la victimización se convierten en los principales argumentos políticos de las élites extractivas. En lugar de incentivar la creación de riqueza, el sistema premia la adhesión ideológica, la lealtad incondicional, debilitando paralelamente cualquier institución privada que, como la familia, dispute al Estado el monopolio del paternalismo.
El motor emocional de la ideología socialista suele ser la envidia, canalizada y amplificada por estructuras estatales que prometen la utopía de la justicia social, pero que en la práctica solo buscan consolidarse como una nueva élite burocrática. Esta élite vive de la redistribución forzada y del crecimiento constante del aparato público, de su imparable metástasis, alejadas conveniente y corruptamente de los riesgos y sacrificios que enfrenta la población productiva. El resultado final es siempre una sociedad más pobre, más dependiente y, por tanto, menos libre.