Caminar sin podcast. Comer sin teléfono. Esperar el café sin scrollear. Ahí es donde aparecen las únicas ideas que después vas a reconocer como tuyas. Aburrirse a propósito es de los actos creativos más raros que quedan.
Me da risa cuando me preguntan que hice el fin de semana, como si hubiera hecho paracaidismo o algo así extremo.
Solo soy un adulto con deudas, fui al súper, lave ropa y avancé dos capítulos de la serie que llevo año y medio tratando de terminar.
Perdonad mi opinión de extrema izquierda, pero pienso que la policía no debería partirle la nariz a una profesora jubilada de 68 años y 50 kg de un empujón mientras reclama mejoras laborales para educar mejor a tus hijos.