Kazutaka Kodaka, la mente maestra detrás de Danganronpa, confesó que tiene una regla de oro bastante estricta al momento de crear sus historias: ninguna escena triste está terminada hasta que él mismo rompe en llanto al probarla.
El creativo explicó que selecciona personalmente la música, las expresiones y el guion para manipular las emociones del público. Si no suelta una lágrima al jugarlo como un usuario común, reescribe la escena por completo.
Los desgarradores finales de Danganronpa 2 y The Hundred Line fueron diseñados bajo este estricto estándar, asegurando que el sufrimiento de los jugadores jamás ha sido una coincidencia.
Básicamente, el autor prefiere sufrir en carne propia antes de dar por buena una entrega, demostrando que si terminaste con el corazón roto frente a la pantalla, es simplemente porque él ya lloró primero durante el desarrollo.