Hoy llegué tarde a mi trabajo en CDMX y le dije a mi Jefe que la culpa es de Clara Brugada por como está pintando la ciudad.
—«¿Y eso qué tiene que ver?» me preguntó.
—Pues es que llegué DEMORADO.
Ahí si saben de una chamba, me avisan.
Y mientras caía la tormenta que inundaba las calles moradas de la Ciudad de México no pude evitar preguntarme ¿para sobrevivir en la metrópoli que se hunde deberíamos ser ajolotes?
Quiero agradecer públicamente al atún, por acompañarme cuando soy fit, cuando soy pobre, cuando tengo pereza o se me olvidó descongelar algo o en todas las anteriores juntas.