Solo la sangre y la pena, solo el barro y llanto quedan en mi mente, solo la trinchera y la violencia.
¡Alma insensata que solo sufrir quiere! Solo cuando el pesado es el corazón y mojadas están las botas, solo cuando sangro y me lanzo contra el enemigo, ella descansa y goza.
Las dichosas llanuras joviales danzan a un macabro ritmo, llaman por mi sangre, por mi carne y por mi alma ya pútrida. Mis llantos resuenan en la infinidad del horizonte; una partida de salvajes escucha los aullidos. Sangre rebosa de mi sien y mis ojos; ríen las llanuras.
Veré por última vez tu pelo reflejado en mi sangre y tus ojos en el verde pasto donde el destino maldijo mi cuerpo. Una última vez la metralla acariciaré, tan cálida como tus dedos una vez fueron, donde una vez me acariciaron. Solo y frío, arropado con tu memoria.
Navego una mar de angustia y grotesca ira. Tengo mil males dentro de mí y ninguno consigue terminar conmigo, solo espero y no hago nafa, no hago nada y espero a que me consuman. Me encuentro en un interminable intercambio de mareas donde me meten más profundo en la mar.
Navego una mar de angustia y grotesca ira. Tengo mil males dentro de mí y ninguno consigue terminar conmigo, solo espero y no hago nafa, no hago nada y espero a que me consuman. Me encuentro en un interminable intercambio de mareas donde me meten más profundo en la mar.
Me veo al espejo y te veo conmigo, aunque nunca te haya tocado, aunque nunca te haya besado, te veo a mi lado, mientras lágrimas ruedan por mi mejilla; te miro a los ojos verdes que tanto me recuerdan a las praderas donde primera vez aprendí a amar.
Y por mil desiertos de hielo y arena viajaré, donde podré ser mi yo verdadero, derramaré sangre en mil trincheras donde reiré y plomo morderá mi carne, y en mil guerras me hallaré y moriré.
Golpe tras golpe, fábrica infernal, golpe tras golpe, otra vida es arrebatada. Cuchillos chirrían contra los cráneos cuando la despellejan en sus ritos de sangre y fuego, cuchillos chirrían contra los dientes de los guerreros cuando gritan en favor del sangriento y violento Dios.
No tengo nombre y caeré en esta trinchera, no tengo futuro y moriré en el barro. Muerte en una trinchera olvidada de la mano de Dios, donde solo los tristes pájaros lloren por mi alma cuando los llantos y disparos cesen, donde mi carne será devorada por el infinito tiempo.
Llantos, lágrimas y sangre, todo mezclado en una blasfema mezcla, llantos, lágrimas y sangre, todo para la trinchera. Golpes como los de una fábrica sin descanso, mazas contra los cascos, gritos, como los de una obra de teatro.
En la trinchera, disparos sobrevuelan, muerte y llantos nos acompañan, en la trinchera el tiempo no pasa, el silbato suena, las escaleras se levantan, muerte y rezos se escuchan; disparos sobrevuelan y nosotros trepamos, camaradas caen y yo sigo, camaradas lloran, y yo avanzo.
Revólver, apunta y dispara, recarga. Apunta a matar; no me dejes con vida. Apunta y dispara, recarga, mátame, sin piedad, sin miedo, mátame. Que brote mi sangre, que salga a borbotones, recarga y apunta, que mi roja sangre no te dé miedo, dispara.
Tu nombre me llena el alma, tus caricias son lo que antaño fue el frío barro de la trinchera, y ahora, imposible se me hace el volver a ella; tu amor me mordió más fuerte que la metralla me llegó a morder.