En la adolescencia desarrollé una especie de obsesión con la dictadura. No podía entender como podían desaparecer 30mil personas y que el país siguiera siendo un país. Hoy lo puedo llegar a entender después de leer los comentarios de la gente de mierda en Instagram
me estoy dando cuenta que cada vez que digo lo que realmente siento, aunque tenga miedo del resultado o de lo que pueda llegar a provocar, me acerco más a mi y a mi corazón. y eso no me lo saca nadie. es como volver a mi propio hogar, y hace mucho no estaba en casa.