Imagina tener 400 prompts que piensan como tú y trabajan por ti.
Esta es mi biblioteca de Gemini en Notion: 200 horas de pruebas, 20 categorías y semanas de trabajo ahorradas.
Gratis hoy.
Solo ↓
1. Like + RT
2. Sígueme (tengo los DM abiertos)
3. Comenta "GEM"
65.000 MILLONES DE BARRILES QUE EEUU NO VA A PRODUCIR: LA REALIDAD MATERIAL DEL ACUERDO CON VENEZUELA
1. EL TITULAR Y LA CIFRA QUE NO RESISTE EL CÁLCULO
Ayer el mundo se despertó con el anuncio de Donald Trump en redes sociales: "el mayor acuerdo petrolero de la historia". El titular hablaba de 65.000 millones de barriles de reservas probadas bajo control mayoritario estadounidense. En cuestión de horas, los medios occidentales lo reproducían sin matices, con la disciplina de quien sabe quién le da de comer. La verdad no les resulta rentable. El titular del amo, en cambio, se vende solo. Y el miedo también.
La cifra sonaba a jugada decisiva. El cálculo la desmonta. Venezuela produce hoy 1,23 millones de barriles diarios. El propio acuerdo fija un objetivo de 1,5 millones de barriles diarios durante 25 años. Eso da, como mucho, 13.700 millones de barriles. Ni una cuarta parte de los 65.000 millones que Trump vende como conquista histórica. La realidad es que el cazador ha sido cazado por su propia desesperación de intentar evitar una depresión que ya no es evitable.
Mientras tanto, Ormuz sigue cerrado. Y cuando se reabra, el petróleo que cruce el estrecho ya no se pagará en dólares, sino en yuanes o en criptomonedas, bajo las condiciones que imponen Irán y Omán. El imperio cuenta barriles bajo tierra mientras pierde los que flotan.
2. EL PROPIO ACUERDO SE CONTRADICE A SÍ MISMO
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, fijó el marco real del pacto en una dirección televisada a la nación: 25 años de duración, con un objetivo de producción de 1,5 millones de barriles diarios. No hace falta ningún cálculo externo para desmontar el titular de Trump. Basta con mirar lo que la propia Caracas reconoció. Trump vende un océano y el contrato dice que es un charco.
El otro 79% de la reserva anunciada queda fuera del horizonte temporal que el propio acuerdo establece. No es que vaya a tardar en llegar. Es que no está previsto que llegue dentro del pacto que lo anuncia. El acuerdo victorioso, cacareado por los medios occidentales, no es más que papel mojado para aplacar a una ciudadanía enfurecida ante el aumento de los precios del combustible, harta de que las guerras de su país salgan de sus bolsillos.
Rodríguez calculó también los ingresos: 209.000 millones de dólares para Venezuela, a 19 dólares por barril, sobre un precio de referencia de 65 dólares que ella misma reconoció que puede fluctuar. Una estimación construida sobre un precio que no está garantizado.
3. LO QUE EL ACUERDO NO TOCA
Mientras Washington presenta reservas bajo tierra en Venezuela como solución, el terreno donde de verdad se juega la hegemonía estadounidense sigue exactamente igual. O peor. El imperio busca oxígeno donde solo queda barro.
El estrecho de Ormuz continúa cerrado y bajo control decisivo de Irán y Omán. El acuerdo entre Teherán y Mascate es claro: cuando se reabra, el petróleo entrará por Irán, saldrá por Omán, y se pagará en yuanes o en criptomonedas. No en dólares. La hemorragia no se tapa con un contrato basado en proyecciones hipotéticas a 145 años.
China sigue vendiendo bonos del Tesoro al ritmo que le conviene, y ninguna reserva petrolera venezolana compra un solo bono de vuelta. La deuda pública estadounidense, 40 billones de dólares, sigue su curso propio, y ese curso responde a política fiscal y monetaria interna, no a un yacimiento a medio desarrollar en otro hemisferio. Una deuda que se mide en semanas no se paga con un pozo que se mide en siglos.
4. EL CAZADOR CAZADO
El acuerdo depende de una infraestructura que hoy no existe: pozos, oleoductos, refinerías, puertos. Depende también de 100.000 millones de dólares en inversión privada estadounidense que aún no se ha desembolsado. Esa dependencia funciona en las dos direcciones.
Mientras el capital y la solvencia de Washington aguanten, el acuerdo avanza. Con China vendiendo bonos, los tipos disparados y sin margen para imprimir más deuda, EEUU entrará en depresión ⬇️⬇️⬇️
Esto es algo que merece la pena hacer en casa. La diferencia con producto comprado en el super es escandalosa.
Repetiréis, seguro
Así curábamos el salmón en uno de los restaurantes con estrella de Francia.
Buenas tardes, queridos
Que no caiga en el olvido esta txaranga de Irún, que fue contratada para una procesión en un pueblo de Guadalajara y llevaron al Santo al ritmo de 'Eusko Gudariak'.
Txaranga takikardia
Hay una isla que es el resto de un continente hundido, donde una guerra entre ratas y lechuzas duró cien años y donde un bicho gigante se escondió una vez y reapareció 80 años después.
Ah, y viven 30 minutos en el futuro.
Esta es la historia de la isla de Lord Howe:
Lord Howe está a unos 800 kilómetros al este de Sídney, y en los mapas y las fotos aparece con sus playas, sus montañas cubiertas de niebla, sus aguas transparentes y sus deportes acuáticos, es decir, con todo el aparato iconográfico que permite decir que esa isla es como cualquier otra isla y seguir con nuestras vidas.
Como cualquier otra isla.
Como cualquier otra isla LOS COJONES.
Para empezar, Lord Howe es uno de los escasos pedazos emergidos de Zealandia, y Zealandia es el séptimo continente —en serio—, una enorme extensión de corteza continental que se hundió casi entera bajo el Pacífico dejando fuera apenas Nueva Zelanda y algunos fragmentos desperdigados, restos de un naufragio ocurrido a una escala temporal en la que los naufragios duran millones de años y los cadáveres se convierten en archipiélagos. Lord Howe es uno de esos cadáveres.
Y con esto ya habría una buena historia, pero entonces llegaron los británicos.
La isla permaneció deshabitada hasta 1788, cuando desembarcaron allí unos marineros y descubrieron un ecosistema lleno de especies que no existían en ningún otro lugar. Entre ellas había una palmera pequeña y elegante llamada kentia que pronto se convirtió en objeto de deseo de las casas ricas de Europa y América, porque el capitalismo puede tardar siglos en encontrar una isla pero tarda cinco minutos en encontrar algo que vender. Así que empezó el negocio.
Kentias cultivadas, kentias empaquetadas, kentias embarcadas hacia Londres, París, Nueva York, una pequeña cinta transportadora de clorofila cruzando los océanos hasta que en 1918 uno de aquellos barcos llegó a la isla con algo que nadie había encargado: ratas. Cientos de ratas.
Las ratas se encontraron con un ecosistema sin depredadores naturales y empezaron a hacer lo que mejor se les da hacer, a saber, depredar ellas. Se comieron huevos, aves, semillas, plantas y, entre otras criaturas, un animal extraordinario llamado Dryococelus australis, conocido indistintamente como langosta terrestre, salchicha terrestre o insecto palo de Lord Howe, y que era, más o menos, como una cucaracha blindada del tamaño de una mano humana. Y que solo vivía en Lord Howe. Y que las ratas se lo comieron hasta extinguirlo.
Esto de las extinción del bicho no importó demasiado a la gente de la época, básicamente porque las ratas estaban cometiendo un crimen bastante más grave: se comían las kentias y las kentias daban dinero. Y entonces sí.
Entonces hubo escopetas, venenos, recompensas, hombres recorriendo la isla con cadáveres de roedores y después, porque transportar cadáveres de roedores resultó administrativamente incómodo, cajas de cerillas llenas de colas que podían cambiarse por dinero, una economía monetaria basada —durante un breve y glorioso periodo— en culos de rata, hasta que alguien decidió que las escopetas no bastaban y llegaron las lechuzas, importadas para patrullar el cielo nocturno de Lord Howe, una fuerza aérea silenciosa lanzada contra un ejército que vivía entre la selva.
La guerra duró décadas. Los hombres disparaban, las lechuzas cazaban, las ratas seguían siendo ratas y las kentias seguían produciendo dinero, hasta que, en 2018, se lanzó una campaña masiva de venenos que consiguió acabar con ellas. Cien años después de que llegaran.
Todo parecía haber acabado bien. Bueno, salvo para la salchicha terrestre, que llevaba ochenta años oficialmente extinta. Oficialmente.
Porque frente a Lord Howe se levanta la Pirámide de Ball, un pincho volcánico de más de 500 metros clavado en mitad del océano, uno de esos sitios que la geología parece haber construido específicamente para decir NO SUBAS AQUÍ. Naturalmente, unos científicos subieron y, en 2001, debajo de un único matorral aferrado a la roca, encontraron una colonia diminuta de insectos palo de Lord Howe. Vivos.
El animal sin alas que había desaparecido ochenta años antes estaba viviendo en una roca vertical situada a kilómetros de su isla original y nadie sabe muy bien cómo demonios llegó hasta allí. Hoy se reproduce en cautividad y es, técnicamente, el gran superviviente de la Guerra de los Cien Años de Lord Howe.
(Ah, sí, lo de los treinta minutos en el futuro. Todavía queda por contar eso).
Resulta que Lord Howe usa un huso horario de media hora: UTC+10:30. Es decir, que cuando en Sídney son las 15:00, en Lord Howe son las 15:30, lo cual ya es una (otra) rareza, pero es que, durante el horario de verano, no adelantan una hora, sino solo media. Es decir, que en verano pasan a UTC+11 y se sincronizan con Sídney.
Un continente hundido. Una isla que sobrevivió. Un insecto que sobrevivió a su propia extinción. Una guerra de cien años entre ratas, hombres y lechuzas. Y un reloj que solo acepta las horas enteras durante medio año, aunque yo creo que, a estas alturas, a los 300 habitantes de Lord Howe lo de llegar treinta minutos antes al futuro debe de parecerles lo menos extraño de todo.
Uno para todos, y todos para uno.
Los 3 mosqueteros.. nabarros.
Pues sí así es... Y es que los personajes en los que se basa la novela de los 3 mosqueteros, aunque luego haya mucha ficción, son personajes reales.
Athos, Porthos y Aramis pertenecían a la región de Bearne, que hasta 1610 - 1620 fue independiente bajo el reinado de Enrique III de Navarra - IV de Francia.
El abuelo de Porthos fue cocinero del rey de Navarra, Enrique III, y su padre secretario del Parlamento de Navarra con sede en Pau.
Tras el asesinato de Enrique III de Navarra, último rey legítimo nabarro, su sucesor Luis XIII, se proclamaba rey de Francia y de Navarra.
En la región de Bearne, en su capital Pau, se reunían las cortes de Navarra, en la cual hoy en día se mantiene el edificio, y está inscrito sobre la puerta Parlamento de Navarra, pero en francés.
Los mosqueteros tienen su origen en Navarra.
El origen de los mosqueteros lo tienen en Navarra durante el reinado del Rey Navarro Enrique III, que posteriormente alcanzaria el trono francés como Enrique IV. Cuando el rey Navarro accedió al trono francés decidió crear una orden como escolta personal, una especie de guardia pretoriana, está orden era los carabineros provistos de carabinas.
Cuando Enrique fue asesinado por Ravillac en 1.610, su hijo Luis XIII accedio al trono francés. Este cambio las carabinas por los mosquetes, de ahí lo de mosqueteros.
William Shakespeare en su obra "Trabajos de amor perdidos", escribía lo siguiente..
"Navarra será el asombro del mundo".
Y cuando se refería a Navarra, lo hacía por la Navarra que todavía se mantenía independiente con los territorios de Baja Nabarra y Bearne,que estaban bajo el reinado de los reyes de Navarra.
Son cosicas de nuestra historia que toda navarra y navarro debiera saber.
Un@ para tod@s, y tod@s para uno.
¿Sabéis a quién teme más Ayuso?, ¿quién es su gran comedero de cabeza?, este hombre de aquí, Fernando Peinado. Probablemente no lo conozcáis porque no damos suficiente importancia a su profesión, pero es el periodista que publicó el bombazo del ático en El País. Yo ya lo tenía en el radar hace tiempo, porque también puso contra las cuerdas a Ayuso durante el COVID, con el tema de las residencias, y aparece repetidamente en el libro de Alberto Reyero, "Morirán de forma indigna" y en el documental 7.291. Fue una pieza clave en aquellos días y gracias a él muchos nos enteramos de lo que realmente estaba pasando. No me imagino las presiones que debió sufrir entonces, y que debe estar sufriendo ahora por parte de los mafiosos del PP, pero él sigue, sin hacer ruido, sin intentar destacar, haciendo su trabajo sin más, en silencio. Sin los buenos periodistas como él nuestra democracia estaría ya totalmente perdida, así que hoy quiero darle las gracias. Ojalá muchos más como tú. Gracias Fernando 🙏🏻
🔴 Tu DISEÑO web apesta 🤮🤮🤮
Tus páginas vibecodeadas son super feas.
Soluciónalo con Taste Skill.
Una skill de código abierto para el diseño, compatible con:
- Claude Code
- Codex
- Cursor
- Gemini CLI
- Lovable
Tiene más de 70.000 estrellas 🤯
Te dejo el link abajo👇
Bat… Bi… Hiru… Lau… 🏆4️⃣
San Sebastian Recordholder 🤯
Since 2019, it was in my head to become the recordholder. So proud to write this new chapter in my career. 💭
Thanks to the entire team for the great work today, helping me achieve this special moment today.🪽❤️
Now time for some rest. I’ll see you in Canada. 🪫🔜🔋
La polémica de la compra del ático de lujo en Chamberí se ha centrado en el uso privado de esa vivienda por parte de la presidenta
A veces los árboles no dejan ver el bosque. Y este árbol está podrido y huele mal
Pero si rascas un poco, hay algo casi peor
Abro hilo 👇
El ático de Ayuso no lo compró la Comunidad de Madrid. Lo compró una empresa. Y ahí está todo.
Lo explico hoy en el informativo nacional de RTVE y lo desarrollo en este hilo.
Por la vía ordinaria esta compra habría exigido concurso público, tasación previa, informe jurídico, acuerdo del Consejo de Gobierno publicado en el BOCM y fiscalización previa de la Intervención. Por la vía elegida, ninguno de los cinco. No es un detalle técnico: es el motivo. Por la vía ordinaria esto no se podía cerrar en abril y en silencio. 🧵
Hola, David. Esa tribuna es de 2010, cuando España —no Francia— ganó el Mundial, y al decir que "Africa ganó el Mundial" se refiere a que el continente ganó porque el torneo se celebró en Sudáfrica.
Está perfectamente claro en el texto que incluyes, ya que está en inglés, que es un idioma que, aparentemente, deberías dominar. Otra cosa es que hayas decidido mentir abiertamente en público y a la vista de todos, pero eso no es de ser muy buen periodista.
La derecha «navarra» entró en cólera después de que @Imanol_Pradales dijera en el ayuntamiento de Iruñea una obviedad: que los sanfermines son «la principal fiesta de Euskal Herria»
Hoy, en GARA, Jose Mari Esparza mete un buen repaso a todos estos plumillas ignorantes. 👏🏼👇🏼
المقطع الاكثر حذفًا في تويتر من امبارح
المقطع ده الفيفا بتطارده بحقوق النشر من امبارح وكل اللي بينشره بيتقفله حسابه او المقطع ينحذف
ده باختصار ملخص الاخطاء التحكيمية امبارح وملخص المدعرة اللي عملها الحكم القذر ضد مصر
اتفرجوا بعينكم … ظلم بيّن وسرقة
El Gobierno español reconoce como víctima a Josu Zabala Erasun, abatido por la Guardia Civil en Hondarribia hace 50 años: «Tiene derecho a reparación» https://t.co/yPDpShPnF8
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.