Y como dijo Alejandra Pizarnik: "Qué belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar entre tanta gente; no es soledad, es un privilegio no encajar”.
Al final, la felicidad no era el viaje exótico ni el éxito que te prometían los libros de autoayuda. Era algo mucho más seco y barato: un abrigo que corte el viento, las llaves en el bolsillo derecho y la paz de volver a casa sabiendo que hoy no has tenido que traicionar a nadie.