Quizá si estoy en un momento raro de mi vida: me siento feliz y luego triste, extraño y después no me importa.
Avanzo, me estanco, quiero hablar, no quiero decir nada. Lloro, me río sin parar, quiero todo, no quiero nada.
Supero, no supero. Pero equis, supongo que así es esto.
Encuentra a alguien que te ame lo suficiente como para que le importe cómo sus acciones afectan tus sentimientos y deja de conformarte con personas inmaduras que creen que debes conformarte con todas las tonterías que hacen.
Me encanta cuando oras por algo, no ves respuesta... y de pronto, un día, te das cuenta de que estás exactamente en el centro de aquello que antes parecía imposible. La espera nunca fue un castigo; fue preparación. Mientras tú dudabas, Dios estaba acomodando cada pieza para que pudieras recibir tu oración en plenitud.