Haciéndome la misma pregunta que un día escribió Sylvia plath: «¿Por qué no puedo probar distintas vidas, como quién se prueba vestidos, para ver cuál me sienta mejor y me favorece más?»
Uno tiene que saber amigarse con sus contradicciones. Sino, vas a volverte loco cada vez que te salgas del renglón. No sos un arquetipo, contenés multitudes, inevitablemente vas a incurrir en incoherencias. Y está bien.