Aegon alzó el rostro despacio, recorriendo con un mirar gélido cada centímetro de la imponente silueta femenina, hasta detenerse en los cuernos que coronaban su cabeza. Lejos de verse intimidado por la clara ventaja física de la mujer, y mucho menos por su belleza,+
—Si de verdad quieres a este rey en tu lecho, vas a tener que bajarte de ese pedestal y reclamarlo de frente.—
La soltó despacio y se mantuvo imperturbable sobre sus pies, plantado en el sitio. Nadie tocaba a la sangre del dragón sin llevarse un golpe certero en el orgullo.
¿que ha hecho por amor? Incendiar cada torre de Dorne con el fuego de Balerion y Vhagar desde donde muere el río Sangreverde hasta las grandes Montañas rojas.
acortando la distancia que ella misma había desafiado, obligándola a sostenerle la mirada bajo la imponente y asfixiante sombra de su dragón.
—Dices que no sientes mi sangre... pero te aseguro que sentirás su fuego si vuelves a olvidar tu lugar ante mí. —
Permaneció inmóvil, sin mostrar el más mínimo rastro de perturbación o molestia ante la osadía de aquella mujer al profanar su espacio y tocar las hebras de plata y oro que coronaban su cabeza. En sus ojos de un purpura profundo no había ira alguna, sino más bien una gélida +
Termino de decir mientras suelta el cabello albino sin intereses, ignora el gran dragón frente suyo, aunque no puede evitar mirarlo como si fuera un conocido, aunque no tuviera inteligencia racional.
la paciencia de un rey con debilidad.
Aegon bajó lentamente la mano que le había tendido para saludarla, deslizándola con extrema parsimonia hasta el pomo de oro y rubíes de Fuegoscuro, sin llegar a desenvainar, pero marcando su soberanía. Dio un medio paso al frente, +