Normalizamos el agotamiento: no nos alcanza el fin de semana para desconectar, no nos alcanzan las horas de sueño para el descanso, no nos alcanza el sueldo para vivir bien ni la energía para encontrar soluciones.
La crisis existencial de los veintitantos es lo peor. la preocupación por el futuro, la agonía de compararse, de querer conquistarlo todo, de pensar que estás atrasado en las cosas, es un terror que vuelve loco.
nunca entendí a la gente que no le gusta estar en sus casas, para mi no hay nada mejor que estar en mi casa, con mi cama, mis cosas, mi espacio y mis tiempos