Al Gobierno Petro le hace falta empatía. El paro de los transportadores es apenas un síntoma de lo que les está pasando a los todos ciudadanos.
Los trabajadores no dan más, están asfixiados.
Cada día, las cosas cuestan más, y el dinero alcanza menos. Cuando los gobernantes se encierran en su casa de cristal en el Palacio de Nariño, se alejan del pueblo y fabrican una realidad alterna.
Petro, escuche el clamor de la gente. Las cosas no van bien.