Al profundizar en las Sagradas Escrituras y desarrollar hábitos agradables a Dios, podemos usar nuestros años para crecer más fuertes en el Señor, en vez de perder el tiempo con pasividad. Nadie madura por accidente.
Cuando nuestro deseo de obedecer al Señor es más fuerte que nuestra atracción por el pecado, sabremos que estamos progresando en nuestra vida espiritual.