sinceramente, odio que hayamos normalizado la idea de que todas las opiniones son válidas. Creo que deberíamos volver a decirle a la gente que está mal informada y es ignorante.
Hemos normalizado tanto el nivel de estrés diario que, cuando por fin tenemos una tarde tranquila, el cerebro nos convence de que seguramente se nos está olvidando hacer algo urgente. Ya ni siquiera sabemos cómo descansar en paz.
Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
Saber cómo, cuándo y por qué hacerse el tonto sin serlo es una virtud tanto o más importante que ser listo. Y no necesariamente con una connotación o una finalidad negativa.
Estoy tomando el h��bito de despertarme feliz, sin importar lo que esté pasando. La vida podría ser mejor, pero también mucho peor; solo hay que ser agradecido.
Recientemente escuché a alguien decir:
"La cantidad de cosas buenas en tu vida depende de tu capacidad para notarlas".
Ahora no puedo verlo de otra manera.
Tardé años en darme cuenta de que uno de los lenguajes del amor más infravalorados es hacer reír a alguien cuando se está tomando la vida demasiado en serio.