@orelmorales44 En serio de verdad, con los antecedentes judiciales de todo tipo que tiene tú Barcelona, quieres dar lecciones de Moral? Compra de órganos, chantaje a jugadores para que se vayan, construcción de un campo sin pagar a las empresas ni seguridad para los trabajadores.....
🔴 VIDEO REAL MADRID TV
Máxima difusión al video de Real Madrid TV sobre el arbitraje de Sánchez Martínez y Figueroa Vázquez en el Espanyol - Real Madrid. Sí, estos son los videos que no les gustan a los árbitros del CTA y del sindicato AESAF. Que vean en todo el mundo sus actuaciones.
En 1992, Metallica sorprendió a los fans al intercambiar instrumentos para la interpretación de "Am I Evil?"
Lars Ulrich se encargó de la voz. James Hetfield se encargó de la batería. Kirk Hammett tocó el bajo y Jason Newsted la guitarra.
@victorlozano73 Ese referente juntó a todos los capitanes de primera división para recolectar dinero para un jugador de la Real Sociedad, su máximo rival en aquellos años. Desde aquel gesto, en el antiguo y vetusto Atocha dejaron de insultarle. Los errores los cometemos todos.
¡SIENTO RABIA! 😡
Sandra, una niña de 14 años que hoy ya no está, después de sufrir bullying.
Ningún niño ni niña merece pasar por eso. Necesitamos educar desde el respeto.
Que este vídeo sirva para abrir los ojos, hablar en casa y actuar a tiempo.
#StopBullying#suicidio
Retuiteemos todos los días.
¡Club comprando a un jefe arbitral e instituciones amparando a corruptos!
Esto ha pasado y está desapareciendo de los medios. El ruido tiene que ser atronador en redes.
Hay que seguir difundiendo Negreira Confidencial de @futbolgate_ES. El RT es OBLIGATORIO y el visionado es IMPRESCINDIBLE. COMPARTE Y DIFUNDE (están muy nerviosos)
NEGREIRA CONFIDENCIAL (III). LO QUE ARMINIO QUISO HACER DESAPARECER
https://t.co/hjG3yr69ja
Tres horas para destruir la verdad.
Tres horas triturando papeles que nunca debieron desaparecer.
Mientras tanto, el hombre que sabía todo, callaba.
El fútbol español no solo tuvo un problema de árbitros.
Tuvo —y aún tiene— un problema de sistema.
Sánchez Arminio, presidente del Comité Técnico de Árbitros,
pasa “dos o tres horas” destruyendo documentos el día de su cese.
No son informes cualquiera.
Son los papeles del caso Negreira.
Trituradora encendida.
Silencio administrativo.
Y la historia del arbitraje español deshecha a tiras.
¿Quién destruye lo que es limpio?
¿Quién teme lo que no hizo?
Y justo después aparece Albert Soler.
Directivo del Barça cuando se pagaba a Negreira.
Más tarde, director general del CSD.
Sabía todo.
Y calló.
No fue un silencio cualquiera.
Fue un silencio útil.
Un silencio que protegía a unos y comprometía a todos.
Esa es la fotografía del sistema.
No el árbitro que se equivoca.
Ni el dirigente que mira a otro lado.
Sino la red entera que se protege a sí misma.
Federación, despachos, asesorías, comités, poder político.
Un ecosistema de miedo, dinero y complicidades.
Y ahí entra Negreira.
El engranaje perfecto.
El que firmaba los informes.
El que controlaba las notas.
El que decidía quién subía y quién bajaba.
El que recibía las transferencias.
El dinero.
Eso era lo más rentable.
La Guardia Civil lo encontró todo:
los índices, las firmas, los pagos.
Negreira los llamaba “correctores”.
Pero los árbitros sabían perfectamente lo que eran: corruptores.
Y como explicó Iturralde González, en 2023, sin querer confesarlo, lo describió con precisión:
“El dinero te quita independencia.”
Ahí está el método.
La dependencia.
La cadena invisible.
Un error a favor del Real Madrid, peligro.
Un error a favor del Barça, tranquilidad.
Así se construye la obediencia.
Así se destruye la independencia.
Y como si hiciera falta confirmarlo,
ahí está también el polígrafo de Iturralde.
Le preguntaron si conocía a algún árbitro antimadridista que hubiera pitado al Real Madrid.
Respondió: “No”.
El polígrafo marcó: mentira.
Le preguntaron si los árbitros recibían órdenes de sus superiores.
Volvió a decir que no.
El polígrafo volvió a marcar: mentira.
La máquina no tiene ideología.
Solo mide pulsaciones, respiración, sudor.
Y midió exactamente lo que todos intuíamos:
que el sistema existía.
Y que operaba desde arriba.
Y eso —precisamente eso— es lo que Negreira Confidencial revela.
Que el sistema no se corrompió con sobres a árbitros,
sino con pagos a Negreira,
al vicepresidente de los árbitros.
Y a cambio, se obtenía obediencia.
Y que, mientras nadie lo frenó,
la competición dejó de ser limpia.
Esto no es un escándalo aislado.
Es un modelo.
Una cultura.
Un mecanismo institucional.
Y lo más grave de todo:
que ahora, como si nada hubiera pasado,
se pretende alterar la competición.
Un partido en Miami.
Un invento que rompe el principio básico:
ida y vuelta, uno en tu casa y otro en la del rival.
¿Y a quién se beneficiará?
Curioso: al Fútbol Club Barcelona.
El mismo que se evita jugar en Villarreal
para hacerlo en un campo “neutral”,
si es que puede llamarse neutral
a un estadio en el que tres cuartas partes serán blaugranas.
Nada cambia.
Solo se maquilla.
Todo esto no acabará hasta que no se limpie la Federación.
Y la limpieza empieza por quienes han querido disfrazar el problema.
Por quienes intentaron una operación de maquillaje con el sistema arbitral.
Por Louzán, un presidente incapaz, manejado por Javier Tebas.
Por todos los que siguen fingiendo que esto es normal.
Ellos son los primeros que deben salir.
Después, el resto.
Y ahora me responderán los fanáticos.
Y los vendidos (pagados).
Saldrán a defender lo indefendible.
La corrupción sistémica que el juzgado de Barcelona dejó al descubierto.
Y entre ellos, un iluminado,
que dice ser ingeniero eléctrico,
pero que en realidad, hasta en eso, miente.
El mismo que, sin atreverse a decirlo —por cobardía a una querella, dado que sabe que también es falso—,
va insinuando en público que yo modifiqué el Código Ético de la Federación para tapar el caso Negreira.
Una falsedad tan torpe como quien la propaga.
Ni tenía competencias, ni formaba parte del área que lo gestionaba, ni intervine jamás en ese proceso.
Pero claro, ¿qué se puede esperar de quien confunde un enchufe con una verdad?
¿Y de quien, para justificar lo injustificable, pretende ensuciar el nombre de otros?
Claro, que siempre le queda el auxilio del ex juez de línea y jurista ocurrente, para secundarle en sus cobardías.
NEGREIRA CONFIDENCIAL (II). EL HIJO, LA FOTO Y EL MIEDO PERFECTO
https://t.co/hjG3yr69ja
Una foto, un bar y un silencio.
A veces, no hace falta más para entender cómo se controla un sistema.
Hay historias que lo explican todo.
Sin gráficos.
Sin informes.
Solo con una escena.
La cuenta el exárbitro Flores Muñoz.
Y no necesita comentario.
“Claro que lo recuerdo”, dice.
“Fue en un Barça–Atlético, temporada 93-94.
Nos recogió el hijo de Enríquez Negreira en el aeropuerto y nos llevó al hotel.
Luego, antes del partido, nos llevó a comer a un bar cualquiera.
Allí estaba Negreira padre, con un amigo.
Recuerdo que insistía en hacernos una foto.
En aquel momento no le di importancia.
Ahora lo entiendo: quería tener soporte documental acreditativo de que había hablado con nosotros.”
Una foto.
Un bar.
Un partido.
Y la prueba de que el control no era abstracto, era personal.
Cercano.
Normalizado.
El hijo recogía a los árbitros.
Los acompañaba.
Los trataba con familiaridad.
Y al mismo tiempo, los vigilaba.
Era el hilo invisible entre el dinero, el poder y la conciencia arbitral.
No hacía falta una orden.
Ni una amenaza.
Solo esa sensación de estar observado.
De que alguien “de arriba” te miraba, te cuidaba… o te podía hundir.
Y ahí aparece Relaño.
Con la lucidez del que ha visto demasiado.
“Este tipo de cosas crean suficientes pistas a los árbitros para saber que, en caso de equivocarse, es mejor equivocarse de cierta manera y peor de otra.
Es ponerles demasiado en claro que equivocarse de una manera les va bien y equivocarse de otra les va mal.”
Esa es la esencia del sistema.
No el soborno, sino el condicionamiento.
No el pago, sino el miedo.
Una ingeniería psicológica perfecta.
Un método sutil que, durante años, moldeó la conciencia de quienes debían impartir justicia.
El documental lo muestra con crudeza:
no se compraban decisiones, se compraban mentalidades.
Los árbitros no eran cómplices, eran prisioneros.
Educados para entender que un error “hacia un lado” podía costarles la carrera.
Flores Muñoz aporta la escena.
Relaño, la explicación.
Y ambos, sin querer, confirman lo mismo:
que el sistema existía.
Que funcionaba.
Y que todos lo sabían.
Una foto en un bar.
Una frase en una entrevista.
Y todo encaja.
Porque Negreira Confidencial no acusa: demuestra.
Y lo que demuestra es que la corrupción más eficaz no se paga con dinero,
sino con miedo.
Y entonces llega la pregunta.
La que ya nadie puede esquivar.
Visto lo que se cuenta en este primer capítulo…
¿no sería ya hora de limpiar el arbitraje de arriba a abajo?
¿De apartar a todos los que formaron parte de aquella época?
¿De destituir a quienes encubrieron los hechos durante la investigación y hoy siguen en sus cargos?
¿De vaciar y regenerar la asesoría jurídica, los comités de Competición y de Apelación?
¿De empezar de cero, con dignidad y transparencia?
Porque si después de ver esto no se actúa,
entonces el problema no fue Negreira.
El problema sigue siendo el sistema.