Mucha gente llega a tu vida, cumple su papel y se va. No por eso fue un error. La medida de un encuentro no es cuánto dura, es cuánto de ti queda despierto cuando termina.
El cerebro confunde el hablar con el hacer. Al contar el plan en voz alta, sientes una satisfacción parecida a la de haberlo cumplido y esa satisfacción falsa te quita las ganas de moverte de verdad.
Lo que te fascina del otro, te habla de aquello que no has vivido de ti. Quien se siente atraído por personas libres y salvajes suele ser alguien que se ha encerrado en una vida demasiado correcta. Quien se derrite ante personas firmes, suele tener dormida su propia firmeza.
Las personas mayores no son más tercas por la edad, lo son porque tienen más metros cuadrados construidos sobre cada viga del edificio que llevan construyendo toda su vida.