Yo pienso que la amistad es una cosa que salva vidas y también es la elección de una forma de vivir en comunidad y al mismo tiempo es lo mejor que te puede pasar en la vida y también es un modo de multiplicar tu casa y tu cuerpo y tus ojos y además es divertida.
Llegó julio y este miércoles es feriado. En 2 semanas vacaciones de invierno, en agosto se acaba el frío, el 21 de septiembre la primavera, el 31 de octubre Halloween y 1 de noviembre empieza a sonar Mariah Carey para navidad. Se acabó el año 2025.
Cuando era pibe, mis viejos trabajaban más de 15 horas diarias. La casa la manejaba una señora paraguaya que fue como mi madre. Vivía en villa La Cava, con su marido albañil y 4 hijos. Más de una vez, mis viejos llegaban muy tarde a casa y ella me llevaba a su casa en la villa para que no me quede solo. Mi papá me buscaba a la noche, o incluso me quedaba a dormir en la casilla de un solo cuarto y volvía a casa por la mañana con ella. Conocí la villa de aquellos años 80s, la pobreza y la voluntad de aquella familia por salir de ahí. Iniciados los 90s, mi viejo compró una quinta en Pilar y le regaló a aquella familia un terrenito lindero. Se construyeron la casa (al principio no mucho mejor que la casilla de la villa).
Su hijo mayor, al poco tiempo, volvió a La Cava. Comenzó a consumir drogas y terminó preso. Los otros, ya lejos de la villa, estudiaron y salieron adelante. La hija menor, se recibió con el tiempo de Psicóloga. El que le seguía hizo el industrial y se hizo maestro mayor de obras, comenzó a trabajar con su papá y con el tiempo logró tener casa, auto y camioneta propios, se casó y tuvo 4 hijos que hoy son todos profesionales. El mayor de los que se quedaron en Pilar, abrió un almacén y a los pocos años tenía 4 mercaditos. Ha sido desde entonces un exitoso comerciante, habiendo terminado el secundario.
El padre murió joven, a los 62, de un infarto. La madre, mi segunda mamá, aún vive (tiene 85 años) y todos sus hijos la cuidan con mucho amor, salvo aquel que volvió a la villa, que fue muerto en situación de robo cuando tenía apenas 22 años.
El problema no son las familias que viven en la villa. El problema es la villa misma.
Al lado de familias trabajadoras y decentes, se agrupan mafias delictivas que captan su mano de obra entre los más jóvenes.
Pánfila, mi mamá paraguaya, me decía: no hay que mejorar las villas (urbanizarlas). Hay que sacar a la gente de ahí. Que te den luz o cloacas no elimina a los bandidos de la casilla de al lado.
Yo soy anti-villas, pero nunca anti-villero.