Manos escondió en los bolsillos del abrigo y mirada paseó tranquilamente por el chico, luego también hacia el bosque.
——Son geniales, ¿te imaginas tener una linterna en el trasero?
Con los sentidos bien despiertos es que salió a dar una vuelta, solo por el sector más transitado por la simple razón de que no se fiaba del lugar.
Aún no le encontraba el sentido a esos extraños ruidos del bosque.
——¿Has visto luciérnagas? ——Y con ello un saludo a Jace.
A la pelirroja divisó desde la incomodidad de la tierra y entre arbustos decorativos. Hojas hizo crujir en su escondite y pequeñas piedrecitas lanzó con cuidado de no golpearle.
Solo quería asustarle un poco.
[ @coillegirl 🏕️ @NSTHREADERS ]
Lucian solía ser un chico que disfrutaba de la soledad que la noche podía entregarle incluso si esta misma traía consigo tensión, ruidos desconocidos e inocentes.
Así fue cuando el pequeño animal pareció reírse de Lucian porque le robó. Huyó con su guante, él corrió, se tropezó y en silencio se quejó.
Pero no toda la diversión se había ido corriendo porque encontró su oportunidad.
Con un grito ahogado y un par de pies firmes es que salió corriendo en dirección a su casa entre caminos ligeramente iluminados y banquitos del parque.
¿Insomnio? Extrañamente no. Aburrimiento y curiosidad por el famoso lugar abandonado. Y si bien sabía de las advertencias de noche, el bichito mental inquieto que lo movía para llevar la contraria a las reglas, allí estaba, guiándole a una de las sucias ventanas del recinto.
No veía mucho ... solo escuchaba, ¿qué cosa?
Oh. Oh-oh.
La piel se le erizó y por el repentino susto tropezó con unas piedras y ramas secas, ¡alguien había asomado su cabeza al mismo tiempo que él! Pobre tonto ni tiempo se dio para darse cuenta que era su reflejo.
Su atención variaba, como siempre, pero el cabello de Madeleine le traía recuerdos como un déjà vu.
Pensó y …
——¡El tablero de ajedrez! ——Pensó en voz alta, lamentablemente——. Lo siento. Hola.
——Hey, Gina.
Amigable sonrisa le regaló y luego mirada viajó por los demás, caras conocidas, otras no tanto y finalmente, al dueño de la librería.
——Estabas … estabas perdido.
Apenas cruzó la puerta se dirigió a la barra para pedir su tan esperada cerveza. Si bien no era fan, había ansiado una toda la mañana.
——Y mucho maníiii. Gracias.
Del mesón dejó de apoyarse para hacerse una media cola en el cabello, desordenada, pero cumplía su labor.
——Avaricia, eh ——Bromeó——. No es cierto, pero si lo fuera, de seguro serían cosas buenas. Supongo …
Finalmente y con una pequeña sonrisa de inocencia, aceptó gustosamente una galleta.
——¿De dónde son?
El roce tan sutil de rodillas le hizo dar una voltereta en su ajetreada cabeza y aunque no quisiera admitir del todo consigo mismo la razón de ello, era una persona que gustaba dejar fluir todo.
O eso intentaba, no sobre pensar.