Hay una misteriosa caja con un lazo esperando a @MaterAurea. La caja es completamente blanca, con un lazo de color rosado tan suave como las manos de la madre de querubines.
Dentro le espera una sorpresa aún mayor junto a una tarjeta que indudablemente huele como el duque. >
@MaterAurea < imitación que siempre había conocido. Quería que ella supiera cuál es el verdadero placer, qué se sentía al querer participar en un juego donde ella nunca había tenido la oportunidad de siquiera averiguá qué le gustaba y qué no quería que le >
mirada de su antiguo León, seguía siendo lo que el destino había hilado para él, aunque fuese desde un camino diferente.
Acarició la mejilla, enrojecida y húmeda por las lágrimas de su ángel, depositando un tierno beso.
━Lo prometo.
Era como si hubiese robado también el tiempo para su bolsillo. Los ojos carmesí del demonio se abren de par en par, recogiendo al ángel que se deshace en sollozos entre sus brazos.
Se le rompe el corazón al pensar que Balberith ha asumido que jamás la había querido, sintiéndose >
...
¿Qué es lo que... ha dicho?
... No puede ser cierto.
¿No... ?
Sus pulmones pinchan tanto o más como respirar mil agujas en el mismo segundo en el que de golpe dejan de funcionar. Los ecos del exterior, desde el romper de las olas sobre las arenas rosadas de la playa >
mudo para no molestar al ángel y al demonio que se reconciliaban en la fina arena de sus playas, testigo de algo que sacudía los cimientos de la realidad sobre la que ellos habían sido forzados a vivir.
Aunque fuera peligroso, prohibido, aunque Dios hubiera apartado la >
No sabe la enorme calidez que aflora en el pecho cada vez que ella está cerca. Cada vez que siente aquellos dedos divinos acariciar su cuerpo, o el sonido de su risa, como campanillas.
La recoge entre sus brazos y besa su mejilla no una ni diez, si no incontables veces.
¡No vale! Si le pone esa carita ella no va a parar de reír nunca.
Como toda respuesta levita en el aire con total gracilidad, empezando a encogerse... Para pegarse al pecho del demonio con una sonrisa triunfal, hecha un ovillo en sus brazos.
Vuelve a reírse.
Se extrañó, mirándola de arriba a abajo. Obviamente está fingiendo sorpresa, no pudiendo evitar sonreír de oreja a oreja.
━¿A mi? ¿Qué querrá esta princesa del Reino de los Cielos del pobre Rey Ladrón?
Le cosquillea tanto su voz en su oído que se encoge en sí misma con una risita nerviosa, que eclipsa al titilar de las campanillas con su voz risueña.
— A v... verte.
lado.
¿Qué es Balberith para el Duque Valefor?
"Tú..." Susurró, envolviendo la cintura de ella con sus brazos. "Tú eres mi vida entera."
Admitió, con los ojos a punto de desbordar las lágrimas.
¿Qué es ella? Valefor piensa, sujetando su rostro con delicadeza. Su mano dorada titubea antes de enredar los dedos en su cabello infinitamente largo.
La observó con el mismo cuidado de un curador de arte, quien busca cualquier rastro de daños o imperfecciones en las obras de >
Los besos normalmente la consolarían, pues es todo en cuanto sueña cuando no están juntos, el uno con el otro. Sin embargo esta vez no. No funciona así. No le dices algo tan fuerte a alguien únicamente para llevarte una compensación por los daños. Y ella >
de haberlos besado.
La miró a ella entera, y despegó los labios, sin decir nada. El corazón le late en los oídos, traicionero, como si quisiera recordarle todas las veces que había sentido el vac��o que dejó desde que vive apartado de ella, de como reflorece cuando está a su >