— Se recoge tras un tedioso día fuera. V cubierto con una capa de paño grueso que oculta completamente su cuerpo dejando solo al descubierto su cabeza. Sube las escaleras con torpeza y corre hasta su habitación.
Con suerte podrá abrir mañana a mediodía.—
A cinco piezas de cobre.
— Contesta algo alejado de él mientras servía olivas encurtidas en un cuenco de barro a otro cliente.—
Y queda poca, se nota que vuelve el calor, y como por suerte sé cómo tenerla fría...vuela.
Llega seguramente, demasiado tarde, pero allá que va: la predisposición del local da pie a querer ser visitado y probar sus bebidas y platos.
—Buenas—saluda el cazador con un cabeceo al tabernero—. ¿A cuánto la jarra de cerveza?
— La mezcla de hoy llevaba hibosco y jengibre para darle fuerza en la garganta, y un poco de manzanilla para ayudar al estómago.—
¿Una cara nueva? Has tenido valor al aceptar la mezcla de hierbas sin saber qué lleva. En el pasado he probado inventos en otras >
@WindArcanist — Una habitación cómoda, un plato caliente sobre la mesa y bebercio del bueno para ahogar las penas serían lo ideal, mas me temo, buen hombre, que no dispongo de suficiente dinero para costearlo todo. ¿Por casualidad no tendréis algún trabajo con el que completar el pago?
Yo no puedo contratar, ya que la posada no es mía. Sin embargo podemos abrir una cuenta, pagas tú habitación y la comida de ahora y seguro que encuentras algo que hacer por aquí.
La Rosa Púrpura está en una encrucijada y viene mucha gente. No tengo dedos en las manos >
@WindArcanist — Una habitación cómoda, un plato caliente sobre la mesa y bebercio del bueno para ahogar las penas serían lo ideal, mas me temo, buen hombre, que no dispongo de suficiente dinero para costearlo todo. ¿Por casualidad no tendréis algún trabajo con el que completar el pago?
— Nada más poner en pie en la posada el músico Brenden ya le había puesto el ojo encima, sobretodo a ese instrumentó que llevaba a sus espaldas. ¿Sería un laúd, un oud, una lira o una mandolina?
Contuvo una sonrisa apretando los labios hasta que llegó hasta él en la barra.—
>
Entró dentro de la taberna, había escuchado a algunos aldeanos hablar de ella y la curiosidad le entró. Al menos tenía monedas para tomarse una cerveza o una taza que lo mantuviera despierto.
Curioseó casi todos los rincones con la mirada, >
— La taberna está abierta, de par en par tanto puertas como ventanas para que se ventile. Además su cartel está recién barnizado, así que el nombre de la posada se ve sin problemas.—
— Ahora que hace calor y hay mucho menos riesgos de heladas, por fin puede dedicar una mañana a arreglar los matojos de lavanda del exterior.
Por algo se llama la Rosa Púrpura.—
— Se detiene un momento a repasar sus palabras. —
¿Sí? Eso depende de cómo pienses en mí.
— Ahora es él quien consigue curvar sus labios en una pícara sonrisa.—
¿Me imaginas como alguien con quien yacer o en alguien con quien hablar?
Lo soy.
— Responde sin desviar la mirada de su faena. Sabe que le está mirando, puede sentir sus ojos clavándose en su pómulo y mejilla.—
Pero es parte del trabajo. Escuchar a la gente, darles conversación. Puedo hacer más que llenar sus estómagos, calentar sus pies o >