Hoy entré a una librería “solo a mirar”. Salí con tres libros y una certeza: uno nunca compra libros porque tenga tiempo para leerlos, sino porque conserva la esperanza de convertirse en la persona que sí lo tendrá.
Hoy entendí que mi biblioteca no representa los libros que he leído, sino todas las vidas que todavía tengo pendientes. Quizá por eso seguimos comprando libros: porque, en el fondo, seguimos creyendo que aún nos queda tiempo para convertirnos en muchas personas.
Hay libros que llegan en el momento preciso y terminan explicándonos cosas de nosotros mismos que aún no sabíamos nombrar. ¿Qué libro te hizo sentir así?
Siempre me ha parecido curioso que podamos olvidar la trama de un libro y, sin embargo, recordar perfectamente cómo nos hizo sentir. Quizá por eso leer también es una forma de memoria.
¿Qué libro recuerdas más por lo que te hizo sentir que por su historia?
A veces cierro un libro y me quedo unos minutos en silencio. No porque el final haya sido extraordinario, sino porque ciertas páginas tienen la incómoda costumbre de decirnos cosas sobre nosotros que todavía no habíamos querido pensar.
Los libros viejos tienen una manera muy particular de envejecer, porque se ponen amarillos, se llenan de cicatrices y empiezan a oler a tiempo. Y uno inexplicablemente los quiere más