—Suspiró plácidamente, intentando desviar su mirada a la nada y avergonzada de su propia reacción natural. Su dedo se asemejaba al filo de una pluma acariciando su vientre.—
No me he duchado aún.
—Murmuró extrañada, con suma ignorancia.—
—Los ojos de las anta se dirigieron directamente al tierno rostro del inocente animal. Ambas miradas entrelazadas entre sí, ignorantes de los eventos que estaban por llegar. Observó con dulzura los intensos ojos azabache del animal, relacionando mentalmente ese nombre a su +
como las actividades de ocio que podría hacer.—
Además, creo que a él también le gusta.
—Volvió a dirigir la mirada al cordero, que al parecer se había acomodado plácidamente sobre su busto. Incluso el animal parecía sentirse envuelto por aquella aura cálida que +