Cada 27 de junio vuelve el mismo relato. Dictadura, exilio, familias rotas, heridas que no cierran. Todo eso existió, fue real.
Pero hay algo que el relato siempre deja afuera.
En 1963 Uruguay era la democracia más sólida de América Latina, según métricas como las del proyecto Variedades de Democracia, su calidad institucional igualaba a la del Reino Unido.
Sobre esa democracia, un grupo decidió que había que destruirla a balazos para construir el socialismo. Eso también existió.
Durante diez años el MLN-Tupamaros actuó en Montevideo. Robos de armas, secuestros, asesinatos de policías y militares, bombas, cárceles vaciadas.
El Estado respondió militarizando la crisis. Las mismas Fuerzas Armadas que aplastaron la guerrilla en 1972 fueron las que, al año siguiente, cerraron el Parlamento.
La secuencia importa. No para justificar lo que vino después, sino porque sin ella la historia comienza en el segundo capítulo.
Un relato al que le falta un capítulo no es memoria. Es edición.