Odio las mentiras. Pero lo que más me duele es la seguridad con la que creen que no voy a darme cuenta. Porque no hay nada más triste que sospechar algo, intentar ignorarlo y terminar confirmando que estabas en lo cierto.
amo a las personas genuinamente amables, las que sonríen con los ojos, hacen preguntas por interés real y te incluyen sin pensarlo, incluso cuando apenas te conocen