—Asintió con suavidad, antes de estirar su brazo para acariciar su mejilla con la yema de su dedo pulgar, de forma paternal y cariñosa.—
Aunque físicamente te pareces más a mí que a ella. Tienes muchos rasgos suyos. Las dos sois preciosas, de todos modos.
—Forma una pequeña sonrisa en sus labios al recibir su beso, nunca se olvidaría de la persona que más quiere en el mundo.—
Tienes la misma mirada que tu madre.