MENSAJE AL PRESIDENTE ABELARDO DE LA ESPRIELLA. Con profundo dolor, indignación y una enorme decepción recibimos los venezolanos esta brutal e inhumana decisión de usted como nuevo presidente de Colombia contra la migración venezolana.
¡Qué corta puede ser la memoria política! Parece haber olvidado que durante décadas Venezuela abrió sus puertas, sus hogares, sus escuelas, sus hospitales y sus oportunidades a millones de hermanos colombianos. Nunca les preguntamos de qué lado de la frontera venían para reconocerlos como hermanos. Colombia sufrió y Venezuela la abrazó.
Por eso duele. Y duele muchísimo. Porque no esperábamos que, cuando Venezuela atraviesa una de las tragedias migratorias más dolorosas de su historia, la respuesta fuese el desprecio, el maltrato o el portazo.
Señor Presidente: la ingratitud también escribe páginas vergonzosas en la historia. Todavía está a tiempo de reflexionar, corregir y retractarse de una decisión políticamente torpe, inmisericorde y humanamente cruel.
Ruego a Dios que ilumine su conciencia. El poder pasa, los gobiernos terminan y los presidentes se marchan; pero el bien o el daño que se hace a un pueblo queda ante la historia y ante Dios.
Ni Colombia merece cargar con semejante ingratitud, ni Venezuela merece recibir semejante humillación de una nación hermana. ¿Para qué tanta oración ante la Virgen de Fátima y tanta proclamación de fe, si las primeras decisiones están desprovistas de misericordia? La Virgen no es propaganda política: quien reza ante la Virgen María debe aprender a tener misericordia con el que sufre. Firma: Padre José Palmar-sacerdote venezolano en el exilio.
MENSAJE AL PRESIDENTE ABELARDO DE LA ESPRIELLA. Con profundo dolor, indignación y una enorme decepción recibimos los venezolanos esta brutal e inhumana decisión de usted como nuevo presidente de Colombia contra la migración venezolana.
¡Qué corta puede ser la memoria política! Parece haber olvidado que durante décadas Venezuela abrió sus puertas, sus hogares, sus escuelas, sus hospitales y sus oportunidades a millones de hermanos colombianos. Nunca les preguntamos de qué lado de la frontera venían para reconocerlos como hermanos. Colombia sufrió y Venezuela la abrazó.
Por eso duele. Y duele muchísimo. Porque no esperábamos que, cuando Venezuela atraviesa una de las tragedias migratorias más dolorosas de su historia, la respuesta fuese el desprecio, el maltrato o el portazo.
Señor Presidente: la ingratitud también escribe páginas vergonzosas en la historia. Todavía está a tiempo de reflexionar, corregir y retractarse de una decisión políticamente torpe, inmisericorde y humanamente cruel.
Ruego a Dios que ilumine su conciencia. El poder pasa, los gobiernos terminan y los presidentes se marchan; pero el bien o el daño que se hace a un pueblo queda ante la historia y ante Dios.
Ni Colombia merece cargar con semejante ingratitud, ni Venezuela merece recibir semejante humillación de una nación hermana. ¿Para qué tanta oración ante la Virgen de Fátima y tanta proclamación de fe, si las primeras decisiones están desprovistas de misericordia? La Virgen no es propaganda política: quien reza ante la Virgen María debe aprender a tener misericordia con el que sufre. Firma: Padre José Palmar-sacerdote venezolano en el exilio.
@ReporteYa Por eso hay que dejar que pase media hora después del llenado de los tanques de las estaciones....para que el agua acantonada en el fondo que es normal. Vuelva a su lugar...y no a los tanques vehiculares