El IEPAC Yucatán le invita cordialmente a la conferencia “Documentación y Material Electoral”, impartida por el Consejero Electoral del @INEMexico, Mtro. Arturo Manuel Chávez López.
📅 16 de julio de 2026
🕚 11:00 horas
📍 Sala de Sesiones del IEPAC
@ClaraBrugadaM tus centros de verificación no tienen sistema desde las 8 am!!! Por que será tan complicado que el @LaSEMOVI haga bien su maldito trabajo
En Morelos, México (Cuernavaca), un mujer llamada Paula (conocida como Pau Fa Mel en Facebook), madre de cuatro hijos, difundió a finales de mayo de 2026 un video sensible donde exhibe la brutal golpiza que le propinó su exesposo Jorge Francisco Rabadán Torres con puñetazos, patadas y jalones de cabello, además de agresiones a sus hijos.
La mujer denunció años de violencia física y psicológica minimizada por la familia del agresor y decidió hacerlo público porque estaba cansada de no ser creída ni tomada en serio, aclarando que no busca venganza ni dinero sino justicia.
El video de más de 4 minutos, generó fuerte indignación en México exigiendo cárcel y protección, la Fiscalía General del Estado de Morelos investiga el caso..
Decidí participar en el concurso del Servicio Profesional Electoral Nacional del @INEMexico porque históricamente ha sido un proceso que ha dado confianza por su carácter técnico y meritocrático.
Debo decir con tristeza que el sistema de CENEVAL estuvo fallando durante toda la prueba.
La primera parte me finalizaron el examen con 25 minutos restantes y la segunda, con más de 60 minutos.
Ccp: @jorge_egren@MartinFazMora
Decidí participar en el concurso del Servicio Profesional Electoral Nacional del @INEMexico porque históricamente ha sido un proceso que ha dado confianza por su carácter técnico y meritocrático.
Debo decir con tristeza que el sistema de CENEVAL estuvo fallando durante toda la prueba.
La primera parte me finalizaron el examen con 25 minutos restantes y la segunda, con más de 60 minutos.
Ccp: @jorge_egren@MartinFazMora
Este artículo se pregunta si leer literatura nos hace mejores personas (más empáticos, más morales o con mejor juicio). La autora, Flora Champy, compara dos visiones opuestas, la de John Ruskin y la de Proust. John Ruskin (siglo XIX) defendía que leer grandes libros es una herramienta moral: nos educa, nos hace más sabios, nos aleja del materialismo y nos entrena en el pensamiento profundo. Para él, la lectura es casi una obligación social y ética. Marcel Proust, en cambio, rechaza esa idea moralizante. Para Proust, los libros no nos dan lecciones directas de moral ni nos convierten en personas mejores. Lo valioso de la lectura es que nos permite revivir sensaciones del pasado, conectar con nuestra propia experiencia interior y disfrutar de una “comunicación en la soledad”. Los libros nos ayudan a sentir la vida con más intensidad, no a ser “buenos” según un manual.
Champy explica que, a lo largo de la historia (desde Rousseau y Madame de Staël hasta hoy), ha habido una tensión entre quienes ven la literatura como instrumento moral o político (para mejorar a la sociedad o a las personas) y quienes, como Proust, defienden que su verdadero valor es estético y personal: nos libera, nos hace disfrutar de la complejidad y nos protege de las narrativas simplistas de la época actual (redes sociales, influencers, moralismo fácil).
Ella se pone del lado de Proust, su conclusión es que la literatura no tiene por qué hacernos “mejores personas” en el sentido moralizante. Su mayor utilidad hoy es precisamente no ser moralizante: nos entrena en la complejidad, en el matiz y en el placer de buscar la verdad, justo cuando muchos creen que la verdad ya no existe.
https://t.co/cuo4zSL3sN
El fenómeno este de las trad-wives extreme edition es una de las cosas más interesantes de la sociedad del espectáculo contemporánea porque son cinco serpientes enroscadas, mordiéndose la cola una detrás de otra, simultáneamente, en bucle infinito de ouróboros semióticos.
En la capa más superficial tenemos la apelación a los supuestos valores tradicionales, los de cuando la mujer se quedaba en casa haciendo las cosas de la casa y el marido proveía, un pasado mítico que probablemente nunca existió tal cual pero que funciona estupendamente en vertical a 1080 pixeles.
En la segunda capa estamos ante una manifestación performática evidente, y lo digo porque la inmensa mayoría de estas creadoras de contenido cocinan. Cocinan mucho. Cocinan siempre. Rara vez —casi nunca, diría yo— se graban pasando la aspiradora, fregando el váter, quitando el polvo de los zócalos, limpiando los cristales con vinagre y papel de periódico al modo de la abuela. Eso corresponde a otro tipo de influencers, otro algoritmo, otro público que no es el público de las trad-wives.
En la tercera capa aparece la negación de la riqueza, y aquí la performance se vuelve magníficamente absurda, porque la chica lo hace todo DESDE CERO, y el cero aquí es un cero cósmico, un cero prelapsario. Bate la mantequilla desde cero. Hace el chocolate abriendo el fruto del cacao, fermentando, tostando, moliendo el grano. Muele la harina en un molino de piedra. Todo a mano, sin intervención de máquinas, sin electricidad, sin siglo XX. Y digo que es una negación de la riqueza porque desde siempre, históricamente, transhistóricamente, las personas con dinero —y especialmente las mujeres con dinero— se distinguían precisamente por lo contrario, por no hacer absolutamente nada, por tener manos blancas y ociosas al haber delegado los trabajos domésticos en la servidumbre. La aristócrata no molía, la aristócrata leía novelas francesas.
En la cuarta capa descubrimos que la performance, por su propia naturaleza ontológica, es falsa. Porque puede que sí, que haya hecho todo eso ella sin máquinas, de acuerdo, concedido, pero hay una máquina, la máquina fundamental, la que no se ve y sin embargo lo articula todo, omnipresente: la cámara grabando. Y detrás de la cámara el trípode, el micro de corbata, el aro de luz, el programa de edición de vídeo, el portátil, el router, el servidor, el centro de datos en Oregón refrigerado por tuberías de agua del Columbia.
Y la quinta capa, que es la mejor, es la que niega la primera y la segunda y la tercera en un solo movimiento. Porque estos vídeos terminan acumulando millones de visualizaciones y terminan generando dinero, a veces mucho dinero, a veces cantidades indecentes de dinero, lo cual significa que esta mujer no es un ama de casa, es la proveedora, es ella quien trae el pan ��a veces literalmente el pan, moliéndolo—, y a menudo tiene un equipo detrás, y ese equipo suele incluir gente de marketing, agencias de publicidad, asesores fiscales, alguien que le lleva las redes que puede, o no, ser su cuñado, y sí, también personas que limpian la cocina-plató después de cada receta.
El fenómeno este de las trad-wives extreme edition es una de las cosas más interesantes de la sociedad del espectáculo contemporánea porque son cinco serpientes enroscadas, mordiéndose la cola una detrás de otra, simultáneamente, en bucle infinito de ouróboros semióticos.
En la capa más superficial tenemos la apelación a los supuestos valores tradicionales, los de cuando la mujer se quedaba en casa haciendo las cosas de la casa y el marido proveía, un pasado mítico que probablemente nunca existió tal cual pero que funciona estupendamente en vertical a 1080 pixeles.
En la segunda capa estamos ante una manifestación performática evidente, y lo digo porque la inmensa mayoría de estas creadoras de contenido cocinan. Cocinan mucho. Cocinan siempre. Rara vez —casi nunca, diría yo— se graban pasando la aspiradora, fregando el váter, quitando el polvo de los zócalos, limpiando los cristales con vinagre y papel de periódico al modo de la abuela. Eso corresponde a otro tipo de influencers, otro algoritmo, otro público que no es el público de las trad-wives.
En la tercera capa aparece la negación de la riqueza, y aquí la performance se vuelve magníficamente absurda, porque la chica lo hace todo DESDE CERO, y el cero aquí es un cero cósmico, un cero prelapsario. Bate la mantequilla desde cero. Hace el chocolate abriendo el fruto del cacao, fermentando, tostando, moliendo el grano. Muele la harina en un molino de piedra. Todo a mano, sin intervención de máquinas, sin electricidad, sin siglo XX. Y digo que es una negación de la riqueza porque desde siempre, históricamente, transhistóricamente, las personas con dinero —y especialmente las mujeres con dinero— se distinguían precisamente por lo contrario, por no hacer absolutamente nada, por tener manos blancas y ociosas al haber delegado los trabajos domésticos en la servidumbre. La aristócrata no molía, la aristócrata leía novelas francesas.
En la cuarta capa descubrimos que la performance, por su propia naturaleza ontológica, es falsa. Porque puede que sí, que haya hecho todo eso ella sin máquinas, de acuerdo, concedido, pero hay una máquina, la máquina fundamental, la que no se ve y sin embargo lo articula todo, omnipresente: la cámara grabando. Y detrás de la cámara el trípode, el micro de corbata, el aro de luz, el programa de edición de vídeo, el portátil, el router, el servidor, el centro de datos en Oregón refrigerado por tuberías de agua del Columbia.
Y la quinta capa, que es la mejor, es la que niega la primera y la segunda y la tercera en un solo movimiento. Porque estos vídeos terminan acumulando millones de visualizaciones y terminan generando dinero, a veces mucho dinero, a veces cantidades indecentes de dinero, lo cual significa que esta mujer no es un ama de casa, es la proveedora, es ella quien trae el pan —a veces literalmente el pan, moliéndolo—, y a menudo tiene un equipo detrás, y ese equipo suele incluir gente de marketing, agencias de publicidad, asesores fiscales, alguien que le lleva las redes que puede, o no, ser su cuñado, y sí, también personas que limpian la cocina-plató después de cada receta.
Hay veces en que el servilismo no paga… la lección es sencilla: renunciar a los principios y la congruencia, perdiendo la dignidad en el camino, creyendo que eso te hace quedar bien con los autoritarios, suele dejarte como el “perro de las dos tortas”: sin dignidad y sin hueso.
o amor da vida comum não aparece nos filmes.
não tem trilha sonora, não tem jantar à luz de vela toda semana, não tem declaração no aeroporto.
tem uma pessoa que faz a parte dela quando você não tem mais energia pra fazer a sua.
tem duas pessoas que ficam à vontade em silêncio.
tem a mesma cama, todo dia, há anos.
não é menos que o dos filmes. é mais.
porque é real.
Solo envidio dos tipos de personas: a Christina Koch, porque vio el universo en modo premium y, a quienes vivieron la gira “El último concierto” del 97 de Soda, eligieron vivir en su mejor línea temporal.
De ahí en fuera, tu vida es tan ordinaria como esperar a que hierva el agua
Antes les pedía a mis alumnos que vieran las sesiones de la SCJN como ejemplo de argumentación jurídica.
Hoy les pido que las vean como ejemplo de lo que NO debe hacerse y para que estudien más.
Prometieron una Corte mejor. Esto es lo que tenemos: