Hoy me puse a llorar en el consultorio, porque vino un hombre de 80 y largos años que venía por un cáncer de pulmón diagnosticado hace una semana y alguien lo había derivado a mi, vino solito, caminando agitado, no podía respirar y estaba muy cansado. Le pregunté qué le pasaba y me contó todo esto, automáticamente me llamó mucho la atención que venga a atenderse conmigo que nada tiene que ver mi especialidad con eso, y me dijo que le dijeron que vea a un NEUMONOLOGO pero él no se acordaba la palabra y pidió un turno con una especialidad que terminaba igual. Automáticamente le pregunté si había venido con alguien y me dijo que vino solito porque no tiene una “compañera de vida”, le pregunté en qué vino porque estaba DEMASIADO agitado y me dijo que tuvo que tomar dos colectivos para llegar al consultorio y que un poco se había perdido. No sé qué fue lo que mas pena me dio, pero automáticamente cuando me dijo que no tenía una compañera de vida y que estaba SOLITO en esta vida, mi primera lágrima cayó automáticamente de los ojos.
¿Por qué tenemos que aceptar trabajar durante 24 horas, muchas veces de forma casi ininterrumpida, sin cumplir posteriormente con los descansos obligatorios por ley, y que en algunas semanas pueda llegar a realizar 75 horas atendiendo pacientes?
Colega!
Usted podrá sabérselas todas y hasta más. Pero si usted no tiene empatía ni la capacidad de comunicarse adecuadamente con su paciente. Toda esa sabiduría no le sirve de nada.
Fin.
chicas, por favor, ELIJAN AL AMABLE. El que les trae paz. El protector. El que está seguro de ustedes. El que las respeta. El que entiende su silencio. El que ve su corazón sin juzgar. El que sostiene sus sueños con cuidado.
para mí el fracaso más rotundo que una persona puede tener como madre/padre es que sus hijos deseen imperiosamente irse de sus casas cuanto antes para no tener que soportarlos más osea criaste a una persona DESDE CERO formaste todo su carácter y aún así no lograste que te tolere
Tenemos un niño de 2 añitos en el servicio que cuando ve que nos ponemos los guantes intuye que vamos a hacer algo que no le va a gustar y empieza a lanzarnos besos diciendo “adeu” a ver si nos vamos.
Es probablemente el niño con las rabietas más tiernas que he visto nunca.