Al norte de tus piernas
tengo una casa
donde pongo a calentar mi cuerpo
y se unen los labios
condenados a beber del sudor
y la sal fina de tu sexo
El norte de tus piernas
me recuerda que un siglo es un segundo
y que el fuego es la llama
que arde en cada gemido
(L.Gardet)
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