En Venezuela lograron lo que ningún lingüista del mundo había conseguido jamás: convencer a millones de personas de que el verbo "poner" era solo cosa de las gallinas y de nada más. Un verbo perfectamente correcto, uno de los más ricos del idioma español, reducido al gallinero por una frase que se repite con sonrisita de superioridad cada vez que alguien se atreve a usarlo.
Ayer mismo un amigo que lleva varios años en Madrid me dijo que se iba a "colocar los zapatos" y cuando le pregunté que si no sería "poner los zapatos", me respondió con el aire de quien acaba de ganar un debate: "las que ponen son las gallinas". Y ahí está el problema. Esa frase no es una corrección. Es un escudo construido sobre una mentira que alguien inventó hace décadas y que millones de venezolanos repiten todavía como si fuera doctrina lingüística oficial.
Porque "poner" no es un verbo de gallinas. Es uno de los verbos más ricos y versátiles del idioma español. Poner la mesa, poner música, poner atención, poner en duda, poner de moda, ponerse de acuerdo, poner fin, poner en marcha. La Real Academia Española recoge decenas de acepciones que no tienen absolutamente nada que ver con la producción avícola. Lo que ocurrió es que alguien tomó una de esas acepciones, la convirtió en chiste y con ese chiste logró algo notable: inhibir a millones de personas para que dejaran de usar una palabra perfectamente correcta por miedo a que se rieran de ellos.
Eso es un trauma lingüístico colectivo. Lo que hace esa frase no es corregir, es ridiculizar. No enseña, intimida. Es el tipo de coerción que no viene del conocimiento sino de la inseguridad, de ese complejo de querer sonar más fino, más culto, más cualquier cosa que no sea lo que uno es. Y la ironía perfecta es que el resultado de tanto afán de sofisticación fue sustituir un verbo perfectamente válido por otro que además se usa mal, porque colocar tiene un significado específico que no aplica a la mayoría de los contextos donde los venezolanos lo usan. No sofisticamos el idioma. Lo mutilamos por inseguridad y lo rematamos con un chiste de gallinas.
Así que la próxima vez que alguien te diga que las que ponen son las gallinas, recuérdale que la gallina no es el único animal ovíparo del planeta. Hay muchos otros que también ponen, pero creo que los que "colocan" todo, son los más tontos ¿o no?
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Nunca voy a confiar en los médicos que solo mandan tratamiento para los síntomas y no hablan de una mejor alimentación o regulación del estrés haciendo otras actividades...
día de la mujer. todo lo que sé sobre ser una real girl me lo enseñó la gata: observar en silencio, desconfiar primero, ignorar cuando conviene, exigir respeto, morder si hace falta y caer siempre bien parada.