Muchos padres jamás dejarían entrar a la habitación de sus hijos a un violador, un abusador sexual, un extorsionista, un tratante de personas, un acosador, un narcotraficante, un distribuidor de pornografía, un estafador o a alguien que los incitara a autolesionarse o incluso al suicidio. Sin embargo, miles lo hacen todos los días sin darse cuenta.
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El pésimo liderazgo de Gustavo Petro se ve reflejado en su desconexión con las prioridades de los colombianos.
Hoy, mientras Venezuela enfrenta dos terremotos y muchos colombianos pedimos que Colombia envíe ayuda humanitaria, guarda silencio.
En cambio, pasó meses hablando de Palestina. Y cuando hablaba de Venezuela, casi siempre era para defender a Maduro.
Un presidente que vivió más pendiente de las causas ajenas y de sus aliados políticos que de las prioridades de Colombia y de su propia región.
@petrogustavo ¿Usted si habla carreta no? Necesitamos explicaciones concretas y/o responsables. No enrede más la pita, no se salga por la tangente como con todo lo que ha ocurrido desde el día uno de su gobierno.
@CarlosCarrilloA@DELAESPRIELLAE "Las personas cuando no tienen nada que decir, gritan".
Así se ve usted, gritando y pataleando sólo porque no ganó el que usted quería. La campaña ya pasó. ¿Van a seguir dividiendo a través de ofensas al que piensa diferente?
Colombia eligió hoy presidente a Abelardo De la Espriella, felicitaciones. El resultado de la votación deja en claro una realidad indiscutible: Colombia está profundamente dividida. Reconocer y aceptar esta realidad es la primera gran responsabilidad que tiene el presidente electo.
Es el momento de la serenidad de los líderes, empezando por el presidente Petro, para convocar a la sensatez y evitar que la división se traduzca en violencia. Es también responsabilidad de todos nosotros desarmar los espíritus. El camino de la reconciliación tiene que comenzar esta noche.
@petrogustavo Deje de hacer política. No sea irresponsable. Pasará a la historia como el presidente twitero y ya. Tenía esperanza de haberme equivocado hace 4 años, pero no. Perdió la oportunidad más grande para la izq. en este país. Por irresponsable.
@petrogustavo Porque es falso.
Que vergüenza de presidente. Deje de hacer política y pasarse las leyes por la faja. Menos mal le queda poco. Que mal ejemplo para los jóvenes.
@aida_quilcue@jrestrp Nos quedamos esperando...
Que irrespeto con los colombianos que ahora cogieron costumbre de no debatir. Sinceramente éramos muchos que queríamos, escucharla, conocerla, ver qué es lo que la ha ce capaz y digna de ese cargo... Nos dejó metidos a un montón 🙄
El autogol de Cepeda.
Algún día, cuando se escriba el manual de lo que jamás debe hacerse en una campaña presidencial, la cruzada de Iván Cepeda contra la camiseta de la Selección Colombia tendrá capítulo propio, y no tanto por malvada sino por torpe. En plena segunda vuelta, a puertas de un Mundial, su campaña miró a Abelardo de la Espriella vestido de amarillo y creyó ver una oportunidad para denunciar oportunismo. Pero lo que hizo fue tomar el símbolo más emocional y transversal del país y entregárselo en bandeja de plata a su rival.
El error viola la primera regla de la guerra simbólica: no se prohíbe lo que no se puede controlar. La camiseta está en las calles, en los bares, en las vallas publicitarias y en las fotos familiares. Estamos en temporada de Mundial y medio país anda de amarillo sin que eso signifique adhesión a nadie.
Ahí se produjo algo más poderoso que el simple efecto Streisand. Primero, prohibir la camiseta la volvió más visible y deseable. Segundo, miles de personas inundaron las redes con la camiseta puesta como muestra de apoyo a Abelardo, pero también por rebeldía, porque a nadie le gusta que le digan cómo se puede vestir. Y tercero, lo más grave: desde que Cepeda la convirtió en campo de batalla, cada colombiano de amarillo empezó a parecer abelardista, aunque no lo fuera. Una valla publicitaria, un niño con la diez de James, una señora yendo a votar de amarillo, todo quedó teñido de un color político que nadie eligió. Cepeda quiso quitarle la camiseta a Abelardo y terminó haciendo parecer abelardista a medio país. Ninguna campaña compra semejante omnipresencia, y él se la regaló gratis.
Esa reacción no fue casual. El problema de fondo fue una mala lectura del símbolo. La campaña de Cepeda trató la camiseta como si fuera una pieza de propaganda, cuando para millones de colombianos es una emoción compartida. La camiseta remite al fútbol, al Mundial, a la familia reunida frente al televisor, al orgullo nacional y a una forma simple de pertenecer a algo común en un país fracturado. Judicializarla en ese contexto no parecía una defensa de la neutralidad, sino un regaño contra la gente que quiere ponerse la camiseta de Colombia.
Por eso la reacción fue tan inmediata. A la gente le gusta “la Sele”, le gusta vestirse de amarillo y le molesta que una campaña pretenda administrar ese símbolo. Además, en un país donde la camiseta ha sido usada una y otra vez por políticos de distintos sectores, prohibírsela a un solo movimiento difícilmente se lee como equilibrio institucional. Suena más a persecución.
La prohibición, además, abre absurdos imposibles de explicar. ¿Quién es “miembro” del movimiento de Abelardo, y cómo se prueba, con un carné, con un trino? Si un jugador de la Selección simpatiza con él, ¿debe abstenerse de vestirla en el Mundial? Esa clase de orden no pacifica nada, sino que ridiculiza a la autoridad, y el beneficiario natural es quien puede presentarse como víctima del exceso. Por eso resultó tan revelador que Cepeda celebrara el fallo en redes, celebrando en público la medida que más daño le hacía a su propia candidatura.
Las campañas torpes pierden por falta de inteligencia, pero sobre todo por falta de intuición popular. Ven una infracción donde la gente ve una emoción. Ven un símbolo contaminado solo porque no lo controlan. Cepeda quiso impedir que Abelardo se apropiara de la camiseta y terminó haciendo exactamente eso. Le fabricó una causa, le regaló una bandera y le puso al país entero el uniforme de su campaña.
hay que avisarles inmediatamente, ellos tienen una oficina , en mi experiencia súper atentos y dispuestos a ayudar. Lamentablemente no se puede confiar en los procedimientos tradicionales de las aerolíneas. Al instante que se extravíe algo, directo a la policía.
El deber y la obligación del personal de las aerolíneas es reportar y mantener la cadena de custodia. Las cámaras le mostraron a la policía que ningún pasajero salió con el morral. La @PoliciaColombia recomienda que cuando pasen esas cosas...