Intento de enlazar ese específico segmento inhóspito del alma, del cual se desprenden las venenosas cizañas propias del pesimismo, con la ilusa incertidumbre que ayer imaginábamos imposible.
Sale mal. Pero para bien.
Habilitar una visión del mundo que incluya la esperanza.
Esperanzar al mañana con intenciones basadas en la dicha de lo cotidiano.
La rutina es pereza, realización y determinación, todo al mismo tiempo, y al revés.
Habitar ahora esa visión del mundo, ya reflejándose en un sueño.