No hay un mayor acto de amor que mostrarle a alguien con total transparencia la propia vulnerabilidad.
Abrirse a ser vulnerable es ser tan amoroso como se puede llegar a ser. Y la respuesta de la otra persona es también el mayor indicador de amor: ¿qué hace con la vulnerabilidad de uno? Cuidarla e intentar entenderla es una muestra de amor. Negarse a verla, ni siquiera intentar entenderla, o responder con crueldad, es todo lo contrario.
El error nunca es mostrarse vulnerable, es no saber responder con amor y compasión a la vulnerabilidad de la gente que uno quiere.
La gente no busca el amor porque no sabe estar sola, sino porque el amor cuando es sano, es un regulador natural. Sana. Conmueve. Por eso nunca estás más regulado que cuando tenes encima tuyo a la persona que te importa. Como Mariano Blatt cuando escribe: te peso?. No, me alivias
La gente prefiere educarse que pensar.
Otro libro. Otro curso. Otro podcast. Otra hora preparándose para algún día empezar.
Pero llega un punto en que prepararse deja de ser aprendizaje y se convierte en procrastinación con buena reputación.
La neuroplasticidad no ocurre porque uno entendió perfectamente una teoría. Ocurre cuando uno obliga al cerebro a resolver algo que todavía no sabe hacer.
Por eso muchas veces es mejor empezar mal hoy que estar perfectamente preparado dentro de seis meses.
Arranque. Equivóquese. Corrija. Vuelva a intentar.
Hay cosas que solo se aprenden después de meterse en el problema.