Ahora me lo tomo con más calma, pero qué duro es ver cómo cambió mi forma de ver y querer a las personas. Ya no idealizo, ya no me entrego igual. Aprendí a poner límites, pero en el fondo extraño la inocencia con la que solía querer.
una vez me dijeron “cuando no ponés límites, terminás enojada con vos, no con los otros” y empecé a ver cuántas veces me fallé por no querer incomodar a nadie.
nací en una familia donde me tratan como a una reina, me felicitan y se alegran hasta por el más mínimo logro, me miman y me quieren tal y como soy. está claro que nunca me voy a conformar con menos, no tengo por qué.