Que no se equivoquen, Abelardo no ganó porque fuese un gran candidato, un político envidiable o un intelectual con propuestas viables, ganó el voto castigo, el voto odio, el voto segregación. El voto de ese ciudadano que única y exclusivamente vela por los intereses individuales.
De estas elecciónes aprendí, que necesito conectar más con filósofos, artistas, escritores, sociólogos, historiadores, viajeros. Porque mi círculo social no está alineado con mi visión de vida, soy demasiado apasionada, sensible, humana y ya no puedo verlos igual.
Ya ganó Abelardo, eso está claro. Me queda en la conciencia que hago parte de esos 12 millones de colombianos que apostaban por la vida, las luchas sociales, el cuidado del medio ambiente y la paz como motor del país.
No hay nada más bonito que despertar y saber que hay mucho futbol, no quiero que este Mundial se acabe nunca.
Es mágico esperar cada 4 años para vivir esto.