Una muerte como la de Diogo Jota te hace sentir que realmente te puede tocar en cualquier momento, que la vida es un azar. Disfruten cada momento de la vida y no dejen nada para hacer al otro dia
Diogo Jota se había casado hace apenas una semana. Tenía 3 hijos. Venía de ser campeón con Portugal. Toda su vida era felicidad.
La vida es realmente una mierda loco.
No es para muchos marcar a generaciones y trascender a las mismas a través de los años. No es fácil quedar en el boca en boca de familias que, para poner un ejemplo en lo cotidiano, nombren a alguien específico como referencia de futbolistas icónicos, como si fueran un circunstancial de felicidad. A Hugo Orlando Gatti no hay que limitarlo únicamente al deporte. Ni siquiera a una camiseta. Logró tatuar su nombre, su legado, su carisma y sus logros también a lo cultural. Quedó impregnado en la memoria, los corazones y las almas de miles y miles de personas.
El “Loco” revolucionó la manera de atajar. Tomó lo mejor de otros y lo llevó al siguiente nivel. Maestro en hacer “la de Dios” y en achicar y anticiparse a la jugada. Fue campeón y clave en la primera Libertadores de nuestra historia. En el partido de desempate contra Cruzeiro en 1977 le atajó el penal definitivo a Vanderlei en la tanda. Gracias a él pudimos gritar “campeones” y, más tarde, jugar y ganar la Intercontinental contra Borussia Monchengladbach. A esos trofeos podemos sumarles también la Libertadores de 1978, los Metropolitanos de 1976 y 1981 y el Nacional de 1976.
Desde el dolor le decimos adiós al “Loco” Gatti. Y también le agradecemos por dejar en lo más alto la bandera azul y oro. Sus locuras fueron las alegrías del pueblo boquense y la envidia y frustración de sus rivales. Su huella permanecerá inalterable con el paso del tiempo. Que en paz descanse.