Las cien primeras horas son fundamentales para preservar la vida en una emergencia. La incapacidad de empalme del gobierno entrante que generó Abelardo, convirtió esas horas en un desastre.
Es cierto que el mayor instrumento para mitigar el terremoto es un estado con presencia en todo el territorio colombiano, eso lo logra parcialmente nuestro estado a través de su servicio de salud y educación pública y que se ha expandido muy intensamente en mi gobierno.
La existencia del buque/ hospital Benkos Biohó prácticamente fue reconocido por el gobierno una semana después y no se sabe aun ¿por qué los 9.000 millones dejados por mi gobierno no se convirtieron en acción inmediata?
El buque podía dejar equipos de salud en el litoral e incluso internarse por los ríos. Ya había realizado 7.882 operaciones en todo el litoral y duró siete dias quieto en el puerto de Burnaventura mientras el ministro del interior pedía hospitales de campaña en el centro del país. La ministra de salud en silencio porque solo piensa en EPS.
En todo el litoral Pacífico, desde Nariño hasta Panamá, exitían los territorios salidables con miles de enferemeras y médicos ¿por qué no se ractivaron si dependían de los dineros del gobierno y los helicópteros podían transportarlos con rápidez relativa a sus centros de referencia?
Es indudable que la capacidad desplegada por mi gobierno en salud pública y presencia territorial no se utilizó por sectarismo e ignorancia.
Esa estupidez sectárea de no mover a los funcionarios porque vienen de anteriores gobiernos, de no conocer de los equipos humanos y técnicos, desplegados por mi gobierno y cuya información se ofreció días antes siendo yo presidente, llevó a Abelardo a parcializar la ayuda a una acción de inteligencia en el terreno de Israel, sin experiencia em sacar sobrevivientes de los edificios qie generamente derrumban, rechazar la ayuda internacional y politizarla ha cobrado centenares de vidas que murieron innecesariamente.
Ahora viene la gran discusión de donde se sacarán los 30 billones de la reconstrucción:
¿De las limosnas de los ricos? No ha llegado ni a un millón el aportes que los grandes pulpos de la economía han dado.
¿Llegarán del endeudamiento público? Eso no significa más que toda la sociedad pague la catástrofe y la reconstrucción con ruina de la economía futura. Es reconstrucción de una parte con destrucción de otra.
Los israelíes y estadounidenses dirán que con oro y tierras colombianas para explotar petróleo y otras riquezas
Eso es expoliación.
Si fuera racional el gobierno de Abelardo, tendría que recuperar nuestro proyecto de reforma tributaria de 20 billones hacerlo aprobar y disminuír la deuda bajando el Banco de la República la tasa de interès
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El hombre que ganó la Bota de Oro de una Copa del Mundo en plena época del prime de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. El colombiano que tiene los mejores registros mundialistas de todos los tiempos. El líder que guió a su país a tres ediciones distintas de la justa mundialista. El jugador con más partidos disputados con la camiseta colombiana. El ídolo que entró al TOP 3 de los máximos goleadores históricos. El genio que es el máximo asistente histórico de su combinado nacional. Y el enganche que dejó una huella eterna en el torneo más grande que existe.
Ahora muchos buscan señalarlo y cuestionarlo, pero la realidad es que NADIE ha representado a Colombia a nivel internacional como James David Rodríguez Rubio. Y aunque haya quienes les cueste aceptarlo, las noches más gloriosas del fútbol colombiano se han vivido con este señor con el número 10 en la espalda.
Los reales, los colombianos que sí tienen memoria, solo le van a agradecer por los momentos vividos. Porque si Colombia soñó y se ilusionó con cosas grandes fue, en muy buena medida, por James David.
El mejor jugador colombiano de toda la historia.
Y QUE LA CUENTEN COMO QUIERAN.
Antonio Caballero no era un columnista sino un profeta:
PETRO: TEORÍA Y PRÁCTICA.
Por Antonio Caballero, Antonio Caballero
19 de mayo de 2018
Lo malo del candidato presidencial Gustavo Petro no es su programa, que es probablemente el más atractivo –o el que a mí más me atrae– aunque no el más serio: es un programa para cuarenta años de gobierno, y lo único que han tenido de bueno los gobiernos en Colombia es que por lo general han durado poco tiempo. Los más largos –el de Santos, el de Uribe, o el de Núñez por interpuestas personas en el siglo XIX– han sido más dañinos. Lo que no me gusta de Petro es su manera de ser. Petro es Petro. Y eso es lo malo que tiene Petro, un político megalómano que de sí mismo habla en una admirativa y mayestática tercera persona.
Lo malo de Petro no es su teoría: sino su práctica. La que le conocimos en sus años de alcalde de Bogotá, de ineptitud y de rencor, de caprichos despóticos y de autosatisfacción desmesurada. Su arrogancia, su prepotencia. Su personalidad paranoica de caudillo providencial, mesiánico, señalado por el Destino para salvar no solo al pueblo de Colombia de sus corruptas clases dominantes sino al planeta Tierra de su destrucción y a la especie humana de su extinción. Sus iniciativas de gobierno, que no eran populistas, como dicen, sino simplemente demagógicas: el arbitrario cierre de la plaza de toros bajo pretextos caricaturescos de “lucha de estratos” entre ricos y pobres; la compra de los inservibles camiones de basuras de segunda mano sin licitación ni consulta. Casi no lo conozco personalmente, pese a haber tenido durante tres años bajo su alcaldía un programa de televisión en Canal Capital; pero sé de su incapacidad para tener o conservar amigos: lo han denunciado como tramposo y desleal sus compañeros del M-19 (Antonio Navarro, Daniel García Peña), y los del Polo Democrático (Carlos Gaviria, Jorge Robledo, Clara López), que se sintieron todos engañados por él en su voraz ambición personalista. Reclamándose del pueblo, por supuesto, como es lo propio de los demagogos.
Fue, eso sí, un gran parlamentario, que hizo en el Senado magníficos debates de denuncia y de control político. Sabe hablar. Por eso es también el más hábil y el mejor de los candidatos en los debates televisados, tanto en las respuestas como en las propuestas. Pero es que encarnadas en su persona no creo en esas propuestas: no me parece que Gustavo Petro sea una buena persona, sincera y franca. Más bien lo veo como una mala persona, aunque se haya engalanado –de raponazo– con el indecente autoelogio de proclamar que sus candidatos al Congreso representan “la decencia”. No le creo ni “el amor” de que tanto habla. Ni “el saber” que pretende transmitir. Ni “la humanidad” que campea en los nombres de sus campañas. Todo eso me parece ficticio e impostado. Petro no inspira confianza.
Lo hizo mártir el procurador Ordóñez al destituirlo arbitrariamente de la alcaldía: un fanático a cuya elección por el Congreso él mismo había contribuido persuadiendo a sus colegas del Polo de que votar por tan conspicuo representante de la extrema derecha demostraba que el Polo no era de izquierda. Y en su caso personal es cierto que no lo era: aunque se pretenda de izquierda, Petro tiene un temperamento autoritario, inocultablemente de derechas, inspirado en el “cesarismo democrático” que inventó un intelectual lagarto en Venezuela para justificar la larga tiranía de Juan Vicente Gómez, y que copiaron luego Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en nombre, por supuesto, del pueblo. Y así lo confirma su anunciada convocatoria de una Asamblea Constituyente si gana las elecciones. Como las que han convocado todos los aspirantes a dictadores que ha tenido Colombia: Bolívar, Mosquera, Núñez, Reyes, Gómez, Rojas. Porque Petro gusta de equipararse con los mártires: en sus discursos del balcón de la alcaldía se comparaba con Sucre, Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán; y ahora clama en las plazas: “Todo candidato que no es de la clase política tradicional ha sido asesinado. No hay excepciones”. Pero se parece más a su tocayo el general Gustavo Rojas Pinilla, golpista dictador y jefe de la Anapo, de cuya pintoresca y demagógica “dialéctica de la yuca” copia su propia “dialéctica del aguacate”.
Me sucede a mí con Petro lo mismo que le pasaba hace un siglo largo a don Miguel Antonio Caro, que lo resumía así: “De los liberales me apartan las ideas. Y de los conservadores las personas”.
Hace dos días, había decenas de gaticos sin hogar, adentro y a las afueras del Estadio de Barranquilla. Hoy, no aparece ninguno 🆘.
Ayer se denunció la fumigación del estadio para el concierto de Shakira poniéndolos en grave riesgo.
Qué paso con ellos, alcalde @AlejandroChar
Ángel gracias por tanto, me quedo inconsolable. Te amo mi perrito bello🥺💙💔 día y noche cuidándote, amándote y respetándote, gracias Infinitas. Tengo dolor en mi corazón y alma, no puedo con tanto. Prometo luchar con más fuerza por ti.
El alto tribunal ratificó que nada tuvo que ver en el homicidio del guerrillero y hermano del líder del M-19, Carlos Pizarro. 🔗👇 https://t.co/gqZWrhlEGN
Ante la catástrofe ocurrida hoy en los Juzgados de Paloquemao el @judicaturacsj debe tomar medidas urgentes, decretando un estado de emergencia y disponiendo la realización de audiencias virtuales y el teletrabajo para los funcionarios.
@BogotaTransito Caravana? Van con niños pequeños en el techo agarrados con una cuerda, gente por fuera , un caos TOTAL y ustedes como raro no sirven para nada.
@OscuraColombia Pobre la chica que iba conduciendo lacamioneta, quedar traumatizada por matar a un tipo imprudente que pensó que las señales de tránsito son de adorno, muchos creen que saber manejar es acelerar y zizagear. Ojalá reciba el apoyo psicológico necesario para esa dura situación.