Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
Uno de los peores sentimientos es cuando te vas a dormir, miras el techo, te salen lagrimas y sientes ese dolor o vacío en el pecho y te preguntas ¿por qué me esta pasando esto, si todo estaba bien?
Si no están con un hombre que sea capaz de pedir perdón, de mejorar por ustedes, de conquistarlas cada día, de hacerlas sentir amadas, de escucharlas y de darles la prioridad y el lugar que se merecen, entonces es mejor estar solteras, hermanas. No pierdan el tiempo conformándose con un amor a medias.
Escuché a una mujer decir: "Ahora soy muy estricta con mis límites, porque cada vez que no lo fui, pagué el precio. Y es una lección que me niego a aprender dos veces."
¡Qué verdad!