—Entonces, ¿a qué viene tanta preocupación?
Le soltó, quitando el palo del chupachups de su frente y se lo metió en la boca para regresar al sofá que había estado ocupando.
—¿No tienes que hacerle una videollamada al perro o algo por el estilo? Así dejas de prestarme +
-Soltó un resoplido, apartándose antes de que siguiera apretando el dichoso palito de las narices y le dejara marca.
Ojalá, ojalá y tuviera siete caries como mínimo en este preciso momento.-
De los míos ya me preocupo pero muy bien, haz lo que quieras. No es como si se te +
+ en sus asuntos.
Agarró el palito del chupa chups y le puso el extremo a su gemelo en la frente, apretando.
—Preocúpate de tus propios dientes, Aaron, si no quieres que desaparezcan.
Ah, ahí estaba. Su puñetero hermano y su manía de tocarle los cojones con provocaciones de mierda.
No le daba miedo el dentista, simplemente no tenía sentido ir cuando sus dientes estaban perfectamente, pero parecía que eso no servía para hacer callar a Aaron y que se metiera +
Está totalmente seguro de que nunca ha puesto esa cara de gilipollas integral que es capaz de poner Aaron.
—Mis dientes están bien. Preocúpate de que los tuyos sigan en su lugar.
Le miró con cara de circunstancias, como si le hubiera dicho algo terrible cuando lo cierto es que no tenía muy claro qué le estaba diciendo exactamente. Por eso decidió ignorar esa parte.
—¿Y desde cuándo nos haces caso?
—Lo intentaron, pero los helados fueron más convincentes.
Se terminó el segundo en un tiempo récord, lamiéndose después los dedos, sin dejar de mirar a su gemelo.
—Lo raro es que no estés estudiando.
—¿Dónde crees tú que está? Con Kevin, danzando en La Madriguera como dos idiotas.
Se encogió de hombros, lamiendo el helado como si no hubiera nada mejor en el mundo.
—... Hace un calor odioso, tú mismo lo has dicho.
Solo por eso, se va a levantar a por otro, regresando después al sofá para tumbarse, subiendo los pies calzados al cojín.