le dije a mi psicóloga que sentía que habían personas que no reconocían todo el esfuerzo que hago por ellos y me contestó: “a veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos” Y la verdad que me pego una patada en el corazón y otra en la cabeza.
hay días que me duelen hasta las cosas que creía superadas y me hacen darme cuenta de que a lo mejor el dolor nunca se va, simplemente lo empujas a un rincón de tu mente y, aunque hagas espacio para otras cosas, siempre está ahí.