A nivel atómico, nada se toca realmente. Lo que sentimos como “contacto” es la repulsión electromagnética entre electrones. El objeto es real; la sensación de tocarlo es una interpretación que construye nuestro cerebro.
“En medio del concierto, la lírica calaba la superficie, entre medio de la multitud, la tensión inundaba el cabello azul de ella y el cabello castaño de el…”