Adjunto al Decreto de excomunión, el DDF ha entregado una Nota explicativa, que termina remitiendo la explicación a la Nota explicativa del 24/08/1996. Explicamos sobre esas notas:
1. Los Obispos consagrantes y consagrados están excomulgados.
2. Los Sacerdotes y diáconos, si mantienen su actividad ministerial dentro del movimiento están excomulgados.
3. Los sacramentos de la SSPX son ilícitos. El sacramento de la confesión y del matrimonio son inválidos, los demás mantienen validez.
4. Los laicos son excomulgados solo si se adhieren al cisma. La adhesión, según la segunda nota, necesita de dos elementos, optar de tal modo por la SSPX que se ponga tal opción por encima de la obediencia al Papa y la manifestación exclusiva en los actos eclesiales de la SSPX.
Es increíble ver qué el Mundial es motivo para algunos de promover la Brujería, el Tarot, las Cartas, la adivinación, energías, limpiezas, etc.
Todo esto está prohibido en la Biblia. Son prácticas que ponen al Católico en pecado mortal. Esto está prohibido para los Católicos.
Lo veo en referencia a los partidos de Argentina frente a Cabo Verde. O selecciones Africanas.
Pero seguro pasa lo mismo con otros partidos como el de Paraguay Alemania. Etc.
Una pena.
El Papa León XIV ha pedido hoy a la FSSPX: «¡Den marcha atrás!». Les advierte de que las consagraciones episcopales sin mandato pontificio serían un acto cismático y un pecado de extrema gravedad.
La respuesta de D. Davide Pagliarani viene a ser: precisamente porque Roma nunca nos ha tratado del todo como cismáticos, tampoco debería hacerlo ahora.
Pero ése es el problema: durante décadas, Roma ha tenido gestos de una benevolencia extraordinaria con la FSSPX:
— Se habló de cisma, pero nunca se les trató simplemente como cismáticos.
— Se levantaron las excomuniones a los obispos consagrados en 1988, aunque ellos públicamente siempre negaron su validez y nunca se arrepintieron.
— Siendo arzobispo de Buenos Aires, el Card. Bergoglio favoreció su reconocimiento civil como asociación católica.
— Como Papa, Francisco concedió facultades para confesar válida y lícitamente, y abrió la vía para la asistencia válida a matrimonios.
Pero ¿qué movimiento real ha hecho la FSSPX hacia Roma?
La Fraternidad sigue rechazando en bloque el Concilio Vaticano II como matriz de errores. Sigue considerando que las reformas litúrgicas contemporáneas favorecen la pérdida de la fe. Sigue prohibiendo a sus fieles asistir no sólo al Novus Ordo, sino incluso a misas tradicionales celebradas por sacerdotes plenamente incardinados y en comunión canónica con la Iglesia. Sigue manteniendo tribunales propios cuyos juicios condicionan, de facto, el reconocimiento práctico de sentencias eclesiásticas. Sigue poniendo en duda la validez de las Ordenaciones o la Santa Misa siguiendo los nuevos libros litúrgicos, apelando a la posibilidad del defecto de la intención del celebrante.
Y, sobre todo, sigue sosteniendo que la Tradición permanece segura en ellos, mientras Roma, los obispos, los sacerdotes y los fieles que aceptamos el Vaticano II leído a la luz de la Tradición estaríamos atrapados en lo «conciliar» o «sinodal», como si eso significara necesariamente abandono de la fe. O, en palabras de Mons. Lefebvre, siguen manteniendo que "la Cátedra de Pedro y los puestos de autoridad de Roma [están] ocupados por anticristos".
No se puede vivir indefinidamente de la benevolencia de Roma mientras se niega a Roma la autoridad efectiva para juzgar la propia situación.
La FSSPX pide, muchas veces con razón, que no se la caricaturice ni se la trate como si fuera modernista. Pero entonces debería conceder a los demás la misma justicia: no todos los que aceptamos el Vaticano II en continuidad con la Tradición somos liberales, modernistas o ingenuos camino de la herejía. Así lo intenté explicar en mi último artículo sobre la profesión de fe y la ley del embudo.
Me gustaría que no tuviera que ser así. Estoy seguro de que en la FSSPX hay excelentes sacerdotes y fieles que aman sinceramente a Nuestro Señor y a la Iglesia.
Pero si me hacen elegir entre la FSSPX y el sucesor legítimo de Pedro, el Papa León XIV, incluso considerando el lamentable estado de crisis en que se encuentra la Iglesia, no puedo sino estar del lado del Papa y de la Iglesia de Cristo.
Y así espero morir, aunque siga siendo perseguido hasta el final.
Ubi Petrus, ibi Ecclesia.
El sepulcro de los Reyes Católicos tiene el siguiente epitafio: “En este sepulcro de mármol descansan los dos esposo unánimes, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, dominadores de la secta de Mahoma, aniquiladores de la herética pravedad, apellidados los Católicos”.
En muchas iglesias protestantes encontrarás una cruz vacía.
En muchas iglesias católicas encontrarás un crucifijo con la imagen de Cristo.
Y algunos preguntan:
“¿Por qué mostrar a Jesús en la cruz si ya resucitó?”
La respuesta es sencilla.
Los católicos creen firmemente en la Resurrección.
Pero tampoco quieren olvidar el precio de la salvación.
San Pablo escribió:
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado”.
No dijo solamente a Cristo resucitado.
Porque la cruz revela hasta dónde llegó el amor de Dios por la humanidad.
El crucifijo no significa que Jesús siga sufriendo.
Significa que jamás debemos olvidar lo que hizo por nosotros.
Y pensemos algo profundo.
Vivimos en una cultura que quiere resultados sin sacrificio.
Victoria sin lucha.
Gloria sin entrega.
Pero el Evangelio muestra algo distinto.
Antes de la Resurrección vino el Calvario.
Antes de la corona vino la cruz.
Por eso el crucifijo sigue recordando una verdad incómoda y hermosa:
Nuestra salvación tuvo un precio.
Y ese precio fue el amor de Cristo entregado hasta el extremo.
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente. Amén
Así estalló hoy el juguete en forma de cohete del magnate capitalista Jeff Bezos, que sufrió una enorme explosión durante una prueba espacial en Florida (EEUU).
Una explosión así puede emitir CO₂ equivalente a cientos o miles de coches diésel circulando durante un año completo.
Mientras los capitalistas contaminan por hobby como si no hubiese un mañana, a ti te piden que hagas un esfuerzo por salvar al planeta.
Estas palabras del Papa son una buena ocasión para recordar que la liturgia no es una actuación ante el público, sino un encuentro con Dios.
No acudimos a la liturgia para ser entretenidos, sino a adorar.
¡¡Estemos tan mal en el tema litúrgico que el mismo Papa tiene que decirnos a los curas que tenemos que hacer lo que está mandado en algo tan sencillo como es la liturgia!!
Espero que también se tomen medidas con los que no obedecen, si no, no queda más que en una exhortación…
“El mundo moderno ha destruido las jerarquías naturales, el sentido del deber y el gusto del sacrificio. Se ha enseñado al hombre a vivir para sí mismo, cuando solamente se realiza plenamente en el servicio de algo superior a él.”
Leon Degrelle
@sanchezcastejon El sentido común para el bien común es todo lo contrario a seguir promoviendo el aborto, la eutanasia, el desorden inmigratorio y la profanación ideologizada de basílicas.
¡Feliz día de San Felipe Neri!
Máximas de San Felipe Neri para alcanzar la santidad
1. Quien busca otra cosa que no sea Cristo, no sabe lo que busca.
2. Felices vosotros, jóvenes, porque tenéis tiempo para hacer el bien.
3. No es tiempo de dormir: el Paraíso no está hecho para los perezosos.
4. Esquivad la excesiva comodidad, porque ella arruina lo poco bueno que hemos podido conseguir.
5. No os carguéis de muchas devociones; tened más bien pocas pero seguras y cumplidlas correctamente.
6. Sed devotos de María, porque éste es el mejor medio para obtener las gracias de Dios.
7. Manténganse lejos de los lugares de diversiones mundanas, porque estos nos ponen siempre en peligro de pecar.
8. Hijos míos: mortifíquense en las cosas pequeñas para poder mortificarse luego en las más grandes.
9. No se crean maestros espirituales y no piensen que ustedes convertirán a todos; primero pensad en convertiros a vosotros mismos, que el resto vendrá solo.
10. No se burlen de los defectos naturales del prójimo si quieren conservar la caridad.
11. No coman fuera de horario; de lo contrario no alcanzaréis jamás la continencia.
12. Para conservar la castidad el mejor remedio es descubrir prontamente los propios pecados al confesor.
13. Un hombre sin oración es como un animal sin razón.
14. No os toquéis el uno con el otro, ni siquiera por broma, ni tengáis demasiada relación con las mujeres, aunque sean las propias hermanas. El diablo aprovecha hasta de esto para hacer caer a los jóvenes.
15. Cuando vayan a confesarse digan primero el pecado más grave, así el demonio no os tentará para ocultarlo al final.
16. No os excuséis jamás cuando seáis corregidos y nunca digáis una palabra en alabanza propia, ni siquiera en broma.
17. Uno no se hace santo en cuatro días, sino poco a poco.
18. Nada encuentro en este mundo que me guste, pero me gusta que sea así.
19. Buscad siempre ser humildes, y si caéis en algún pecado pensad que eso ocurrió a causa de vuestra soberbia.
20. No hay que aferrarse al medio, sino al Fin. Muchos se empeñan en mortificaciones corporales pero no piensan jamás en el Fin, es decir, en amar a Dios.
21. Si recibís alguna corrección de parte de alguno, no os mostréis tristes, sino volved a ellos con un rostro alegre; así os reconciliaréis más fácilmente.
22. Quien quiera ser obedecido, que mande poco.
23. No basta con obedecer y honrar a los superiores; es necesario también honrar también a los iguales y a los inferiores.
24. Bastarían diez personas verdaderamente separadas de las cosas del mundo y que no quisieran otra cosa que la voluntad de Cristo para convertir el mundo entero.
25. Para ayudar al prójimo no hay que tener ni tiempo ni lugar para sí.
26. Sin oración somos como bestias. Hay que elevar muchas veces nuestras mentes a Dios con una pequeña oración.
27. Los jóvenes se guarden de la carne y los viejos de la avaricia.
28. No dejes nunca de hacer el bien por la vanagloria que sientas en hacerlo. Basta que ella sea compañera y no patrona, aunque en realidad lo mejor es que sea sierva.
29. Hay que desear superar en santidad a San Francisco, a San Pablo y a todos los santos, y aunque no podamos alcanzarlos, jamás debemos dejar de tenerlos por meta.
30. ¡Haced propósitos concretos! No tantas palabras, ¡hechos! Jesús comenzó primero a hacer y luego enseñó. ¡Cuántos hablan maravillosamente de la virtud, pero la practican mal!
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“Recordemos la palabra del propio Jesús: no he venido a traer la paz sino la espada. Vemos aquí que la Iglesia tiene esa misión esencial de oponerse a las modas, al poder de lo fáctico, a la dictadura de las ideologías”.
— Joseph Ratzinger
«En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí, un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes... y tan fríos. ¡Qué le vamos a hacer! No hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy, lindamente, dejando pelados.
Los diablillos me siguen dando guerra. ¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí, con este frío, a mondar estos bichos tan feos! Verdaderamente, es algo ridículo esto de pelar nabos con esa seriedad de magistrado de luto. Un demonio pequeñito y muy sutil se me escurre muy adentro y, de suaves maneras, me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos.
El día está triste... No miro a la ventana, pero lo adivino. Mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos; mis pies, ateridos... ¿Y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo... Mas no importa; refugiémonos en el silencio.
Transcurría el tiempo con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente, y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma. Una luz divina, cosa de un momento. Alguien que me dice: "¿Qué estás haciendo?". ¿Qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa, qué pregunta! Pelar nabos... ¡pelar nabos! ¿Para qué? Y el corazón, dando un brinco, contesta medio alocado: "Pelo nabos por amor... por amor a Jesucristo".
Ya nada puedo decir que claramente se pueda entender, pero sí diré que allá adentro, muy adentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que antes tenía. Sólo sé decir que el solo pensar que en el mundo se pueden hacer de las más pequeñas acciones de la vida actos de amor a Dios; que el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre nos puede hacer ganar el cielo; que el pelar unos nabos por verdadero amor a Dios le puede a Él dar tanta gloria, y a nosotros tantos méritos, como la conquista de las Indias; el pensar que, por sólo su misericordia, tengo la enorme suerte de padecer algo por Él, es algo que llena de tal modo el alma de alegría que, si en aquellos momentos me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestro y siniestro, tratando de hacer comunicar a las pobres raíces de la tierra la alegría del corazón. Hubiera hecho verdaderas filigranas malabares con los nabos, la navaja y el mandil.»
San Rafael Arnaiz, ahuyentando diablillos