madurar es registrar que el amor no es recíproco (nadie ama de la misma forma), que no existe el equilibro en ningún vínculo (ni en nosotros mismos), que todo lo que damos no siempre tiene una respuesta. Madurar es eso, habitar estas pérdidas en lugar de lamentarse por ellas.
La lectura se nota en la conversación.
No hace falta presumir conocimientos, basta con hablar y se nota.
Leer no es acumular libros. Es crear criterio, es abrir la mente, es entrenar el pensamiento.
Porque quien lee, piensa mejor. Y quien piensa mejor, se expresa distinto.