Llamar xenófobo al que denuncia un colapso sanitario no es un exceso verbal. Es una estrategia.
Funciona así. Tu gestión es indefendible. No puedes discutir los datos porque los datos son tuyos: 72.000 entradas en 48 horas, 1.898 menores no acompañados, una ciudad de 84.000 habitantes desbordada.
Entonces cambias de tema. Ya no se debate si llegaste tarde. Se debate si el que te lo reprocha es buena persona.
El domingo, en Ceuta, funcionó a la perfección. La ministra de Sanidad llegó diecisiete días tarde, negó el colapso que denuncia el Colegio de Médicos, y salió del paso con la palabra mágica.
Los sanitarios la abuchearon. Miles de ceutíes también.
¿Son todos xenófobos? ¿También la Asamblea de Ceuta al completo, que pidió por unanimidad declarar la emergencia nacional?
Ceuta no ha pedido un debate. Ha pedido tres cosas concretas y por escrito: mando único, emergencia declarada y un plan de Estado para la frontera.
Ninguna de las tres ha llegado. Han llegado ocho ministros a hacerse la foto.
Y mientras, el ministro de Justicia de Marruecos aprovecha para recordar en televisión saudí que Rabat sigue reclamando Ceuta y Melilla.
Esto ya no va de inmigración. Va de si el Estado defiende su frontera o la administra a base de comunicados.
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