Estoy harto, aburrido y cansado de muchas cosas de la vida. Sin embargo, eso no significa que me esté rindiendo, y mucho menos que piense hacerme daño. Simplemente hay momentos en los que el peso de tantas situaciones se siente más fuerte, pero sigo aquí, enfrentando y avanzando.
La noche del primero de febrero entendí que, aunque nosotros hagamos planes y nos aferremos con el alma a lo que amamos, Dios siempre tiene un propósito más grande, incluso cuando nos duele aceptarlo.