Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida. #ViajeApostólico
Las inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar, pueden simular pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se hace sabio. #MagnificaHumanitas
Quieres claridad, pero evitas el silencio. Llenas cada espacio con ruido para no enfrentarte a ti mismo. Pero sin silencio no hay dirección. Y sin dirección, todo esfuerzo es desgaste.
Hoy hace 37 años.
El mejor calentamiento en la historia del fútbol.
Bayern Múnich 2-2 Nápoles, semifinal Copa UEFA 1989. Partidazo de Maradona y clasificación a la final que gana Nápoles frente a Stuttgart.
Honor al camarógrafo que lo entendió todo.
@Cypher1984 Creo que lo que más se valora es la confianza, y en este caso se ve, eso no es fácil de conseguir y mucho menos de mantener, las cosas se recuperan pero que bueno que tengan la confianza de decirse ese tipo de cosas, abrazo.
Mientras se definen los últimos lugares para el Mundial, existe una subtrama maravillosa para el deep lore futbolero: las #FIFASeries2026 el Mundial que no estás viendo (pero podrías).
Van algunos highlights 👇
🕊️👏 Ernesto Cherquis Bialo y su definición inigualable sobre Diego:
"¿Maradona? Hay muchos"
"Hay un Maradona que jugó al fútbol."
"Hay un Maradona que alcanzó la celebridad."
"Hay un Maradona hijo, que murió cuando murieron sus padres."
"Hay un Maradona padre, que se reinventa cada día."
"Hay un Maradona amigo, que va recambiando amistad."
"Hay un Maradona afectivo y un Maradona sublime."
"Hay un Maradona abyecto y un Maradona fenomenal."
"Hay un Maradona de frases inolvidables."
"Hay un Maradona que cuyas frases es mejor no recordar."
"Es la suma de todo eso en un solo hombre, un genio, una maravilla"
"Fiorito y Dubai. Barro y 7 estrellas. Canillas de oro y letrina."
"Maradona es el producto de todo eso."
"Y además, por las dudas que me haya olvidado, es el mejor jugador del fútbol argentino y el mejor de todas las épocas."
🎙️ Deportv
Para compensar, quise postear un artículo de años atrás sobre la relación entre Maradona y el poder: busqué los hechos, los conté. Se publicó en @RevistaPanenka pero no lo encuentro, así que decidí copiarlo. Nunca lo había hecho.
Por si gustan:
El héroe del pueblo
Era, está claro, generoso, entusiasta, entregado. Se hizo fotos con todos: no hay presidente argentino, líder ñamericano, político de alguna relevancia que no tenga una foto donde él y Maradona se sonríen. Y los celebró a todos: su relación con el poder consistió, sobre todo, en llevarse bien con él.
Empezó joven. Su primera vez fue con un general que a veces tenía raptos de genio: en uno de ellos, por ejemplo, había inventado la palabra “desaparecidos”. Para eso, por supuesto, había tenido que producirlos: miles de raptos y desapariciones. El general se llamaba Jorge Rafael Videla, gobernaba entonces la Argentina, la torturaba, la mataba, y Diego Armando Maradona era un chico de 18 que acababa de ganar un campeonato del mundo juvenil en Tokio y tenía maravillado al mundo adulto. Por eso ese general quiso hacerse una foto con él. Mientras se la hacían, para que todo estuviera claro, el general le dijo al muchachito que tenía el pelo demasiado largo, que se lo cortara.
Después el general cayó, lo sucedieron abogados. El primero se llamaba Alfonsín y era amable y bienintencionado y casi progre y quiso castigar a aquellos militares. En esos días Maradona ganó un campeonato del mundo adulto con el mejor gol de la historia –a la pérfida Albión– y dijo que había sido “nuestra forma de recuperar las Malvinas”. Las Malvinas, huelga decirlo, seguían siendo perfectamente inglesas, y aquel presidente lo recibió con muchas fotos y entonces él dijo que era de izquierda: "Soy de izquierda, todo de izquierda, de pies, de fe, de cabeza. Pero no en el sentido que ustedes le dan en Europa al término político. Soy de izquierda en el sentido de que soy para Alfonsín, para el progreso de mi país, para mejorar el tenor de la vida de la gente pobre, para que todos tengamos paz y libertad”, le dijo a la revista Playboy.
Corría 1986. Él, entonces, estaba luchando contra la Italia rica desde Nápoles, armado de su pelota y sus pelotas, rodeado de señoritas, mafiosos y mucha mucha coca. En esos días pidió que lo invitara al Vaticano aquel papa Juan Pablo II; fue, conversó con él, se hizo las fotos. Años más tarde diría que lo habían impresionado los techos redorados y que si la Iglesia de Roma vendiera todo ese oro podría solucionar el hambre en el mundo.
Era una idea. En la Argentina poco después subió otro presidente, Carlos Menem, que decidió privatizar el país porque nada era mejor que los mercados y los Estados Unidos y esas cosas –y se paseaba en Ferrari y acosaba señoritas suculentas. Maradona lo apoyó entusiasta: no solo se hizo las fotos –vestidos los dos de futbolistas, por ejemplo– sino que también dijo que “si Menem me dice que lo acompañe, lo acompaño; si me lleva como vicepresidente, yo voy”. En aquellos días unos policías confundidos lo agarraron con unas bolsas de cocaína y, en lugar de juzgarlo, el gobierno le ofreció encabezar una campaña contra las drogas; él lo hizo.
Carlos Menem duró diez años, hasta el 99; cuando perdió, Maradona apoyó a su adversario conservador Fernando de la Rúa, el presidente que, tras solo dos, huiría en helicóptero de la Casa de Gobierno dejando un país hundido. Para entonces Maradona ya se había drogado demasiado y el fútbol lo había dejado y no sabía qué hacer con su vida. Perdido, al borde de la ruina, vivió unos años en Cuba a cuerpo de rey: chalet en la playa, champán, toda la cocaína y muchas novias; entre ellas –en estos días termina de saberse– una de 16 años que Fidel Castro, cuentan, le admiraba. En esos tiempos se tatuó un Guevara en un hombro, un Castro en una pantorrilla y retomó la retórica de aquella revolución que consiguió que un solo hombre conservara el poder durante más de medio siglo. “No soy comunista pero soy fidelista a muerte”, dijo entonces Maradona. Estaba, también en eso, de acuerdo con su amigo Castro.
En los años siguientes la dizque izquierda latinoamericana, tan llena de promesas, le ofreció la posibilidad de mantener cierta línea: los Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega, Nicolás Maduro. En enero de 2020 –cuando en Venezuela la ruina y la represión eran brutales– visitó y vivó por última vez al sucesor de Chávez. Para ese entonces, sin dejar la oratoria de barricada vip, Maradona había vivido unos años en el emirato de Dubai, unos meses en la dictadura de Bielorrusia y otros en el narcoestado de Sinaloa, entrenando equipos malos.
Y después se murió, demasiado solo. Su historia es trágica –y su trayectoria queda clara para cualquiera que se tome el trabajo de mirarla: sinuosa, oportunista, siempre cerca de alguna forma del poder. Fue, con la pelota, un mago; con la palabra no era malo y, además, millones le querían creer. Así fue como pudo construirse esa imagen de defensor del pueblo. Maradona se pasó sus últimas décadas hablando de los pobres con un puro en una mano y una rubia en la otra –cuando no le pegaba. Es cierto que él había sido pobre y que no lo olvidó: decidió mantenerlos en sus oraciones –y vivir lo más lejos posible. También es cierto que podría no haber dicho nada, pero no habría sido él. Maradona fue un futbolista incomparable; tratar de convertirlo en un héroe del pueblo solo muestra la desesperanza de ese pueblo o el oportunismo de algunos de sus jefes.
Tristes las tierras que no tienen héroes, decía un personaje de Brecht, y otro le contestaba: tristes las tierras que necesitan héroes. La vida de Maradona terminó muy triste, pero más triste es que un país necesite convertirlo en héroe popular cuando solo fue el mejor futbolista de su historia.
Ernest Hemingway escribió una vez: "La lección más difícil que he tenido que aprender como adulto es la incesante necesidad de seguir adelante, sin importar lo destrozado que me sienta por dentro".
Jamás en mi vida vi algo igual. Le rezan. Paredes, altares, banderas. Te alejas del centro, caminas por barrios más aislados que suelen dejar las puertas de las casas abiertas y lo ves en las paredes, en las heladeras. Cruza su vida diaria.
Chi ama non dimentica.
Éramos tan felices. No lo sabíamos. Qué lindo era el fútbol. Se jugaba por los colores, la camiseta, el barrio, por el Club. Lo que nunca vimos venir fue que, lentamente, se transformó en la estafa piramidal más grande de la historia.
Hoy servimos: ODIO ETERNO AL FÚTBOL MODERNO.